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domingo, 28 de agosto de 2011

La presión policial destierra a las prostitutas a los polígonos

En octubre se pone en marcha la ordenanza que multa a los clientes con hasta 3.000 euros.
Era un experimento sobre seguro, casi con las mismas probabilidades de acierto que una fórmula matemática. La Policía tenía órdenes del Ayuntamiento de aumentar su presencia en el Parque de Santo Domingo de la Calzada, en el entorno de Nervión, para ahuyentar a las prostitutas que durante años, casi veinte, se concentraban en la zona cuando caía la noche. Ellas, como manda la lógica de este experimento, se disiparon.
El alcalde, Juan Ignacio Zoido, visitó hace unos días la zona acompañado de un amplio grupo de vecinos, los mismos que durante años llevan denunciando la presencia de estas mujeres y las escenas que tenían que contemplar los niños de un colegio cercano. Ellos se han librado, de momento, del problema pero, ¿ahora qué? Porque la prostitución no se va a evaporar por arte de magia y las asociaciones (y la lógica) decían que las mujeres se trasladarán a otras zonas. Dicho y hecho.
Los vecinos del Polígono Aeropuerto, en Sevilla Este, denunciaron esta semana un aumento de las mujeres que ejercían la prostitución en su barrio , en las proximidades de las calles Manuel Olivencia y Emilio Lemos, una zona de viviendas de nueva construcción. Llegaron a afirmar que las mujeres ocupaban los portales de los nuevos bloques. Pero no sólo lo dicen ellos, los vecinos, sino también ellas, las más afectadas por las decisiones políticas sobre las que pocas veces se les pregunta.
Sonia tiene 42 años y lleva desde los 20 dedicándose a la prostitución. Aunque ha estado en otras ciudades, hace ocho años volvió a su Sevilla natal. Ella, que es transexual, es de las que hace unos años se fueron de Nervión hasta la zona de Los Arcos, en las inmediaciones del Polígono Carretera Amarilla. Asegura que en las últimas semanas el número de mujeres en esa zona casi se ha doblado: “Ahora somos unas 30 entre mujeres y transexuales, todas las de Nervión han venido para aquí”.
“La presión policial no elimina el problema sino que lo cambia de sitio”,
señala Celia Arenas, presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres María Lafitte. “Recuerdo lo que ocurría en la Alameda hace unos años, que no se podía pasar por allí porque estaba lleno de proxenetas. Después, simplemente, se fueron a Nervión”, rememora. La Alameda fue durante años un foco de prostitución callejera en el Centro de Sevilla que desapareció en parte porque las mujeres, que se multiplicaron con la llegada de extranjeras, empezaron a trasladarse a zonas más alejadas de una ciudad en expansión urbanística, y en parte por los proyectos de rehabilitación integral impulsados por la Administración. Pero también existe otra arma: la demanda vecinal. En Sevilla Este saben bien de qué se trata, sobre todo desde que allá por el verano de 1993 los vecinos se organizaran en patrullas para expulsar a las prostitutas que, aprovechando las vacaciones, se habían instalado en el patio del colegio Arboleda.
“En Sevilla, la presión vecinal es muy fuerte”, señala Estefanía Acién, voluntaria del grupo de prostitución de la Asociación Pro Derechos Humanos. “Lo más fácil es eliminar la prostitución de una zona, que sirve para tener a los vecinos tranquilos y para ganar votos”, dice.
La fuerza de los vecinos llega incluso a marcar la actuación de la Policía. De hecho, desde el Ayuntamiento confirman que los agentes están actuando “donde hay demanda vecinal”, además de donde ellos mismos en sus patrullas ven que se concentra la prostitución. Las demandas de los vecinos de Sevilla Este se habían apaciguado hasta ahora, que resurgen por la llegada de las mujeres a la zona coincidiendo con la huida de Nervión. El mismo día que realizaron la denuncia, los agentes patrullaron por el barrio. Al día siguiente, Zoido dijo que no habían visto ninguna prostituta y los vecinos se muestran “satisfechos”.
Si las mujeres tienen que irse también de Sevilla-Este, la consecuencia será que se trasladen a los polígonos, donde no hay lugar a las quejas vecinales. Es lo que confirma Sonia cuando señala la afluencia de mujeres en Carretera Amarilla, foco habitual de prostitución junto a Su Eminencia. Desde la Asociación Pro Derechos Humanos, que defiende la regularización de esta actividad, Estefanía Acién alerta sobre los peligros que acarrea la presión policial: “Las mujeres se van a trasladar a zonas más alejadas, donde van a negociar con los clientes mucho más rápido, en peores condiciones, para huir de la Policía, a quienes van a empezar a ver como sus enemigos en lugar de aliados”.
Pero la presión policial no es la única vía con la que cuenta el Consistorio para luchar contra la prostitución. La otra es una ordenanza que se aprobó en enero y que impone multas a los clientes que oscilan entre los 750 y los 3.000 euros. La norma, aprobada por una mayoría aplastante y poco frecuente en el Pleno, seguía guardada en un cajón hasta que recientemente Zoido anunció que las sanciones empezarían a aplicarse en octubre.
En este punto, las asociaciones de mujeres se dividen. Sus posturas acerca de la prostitución son blanco o negro: quienes están a favor de la regularización y quienes se oponen fervientemente. Éstas últimas, como la Federación de Asociaciones María Lafitte, asegura en boca de su presidenta, Celia Arenas, que están “contentísimas de que se multe a los clientes porque la demanda de servicios de prostitución es una forma de demandar servicios de esclavitud”. No obstante, señala que “el plan no puede quedarse sólo en multar a los clientes, hay que darles salida a estas mujeres y, sobre todo, educar a los más jóvenes para concienciarlos de que la prostitución es también violencia de género ”.
Al otro lado de la balanza están asociaciones como la de transexuales Silvia Rivera, una de las pocas de Sevilla que trabaja en la calle con las mujeres, repartiendo preservativos y guías e información para prevenir enfermedades. Es también de los pocos organismos que ofrecen datos a nivel local, como que la mayoría de las mujeres tienen entre 20 y 40 años y el 80% son inmigrantes que proceden, principalmente, de Colombia, Ecuador y Brasil. La crisis ha hecho que también haya más españolas que hacen la calle para darle de comer a sus hijos.
Su presidenta, María del Mar Cambroller, asegura que “las ordenanzas que multan a los clientes o a las propias mujeres, como en Málaga, no nos parecen socialmente asumibles, porque no se puede castigar a mujeres inmigrantes o, en nuestro caso, a transexuales, para quienes la prostitución es el único recurso al que se ven abocadas”. Además, Cambroller añade que “si una sociedad no tiene una respuesta efectiva contra este problema, no puede atacar a las víctimas”.

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