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martes, 5 de febrero de 2019

Matan a una mujer trans en La Matanza de ocho disparos


Una mujer trans fue asesinada a balazos en el partido bonaerense de La Matanza y se investigan las circunstancias en las que la mataron. El hecho ocurrió el domingo en Arribeños y ruta 4 del barrio Los Pinos, situado en el sur de la localidad de Villa Luzuriaga.
La víctima, identificada como Laly Escobar (36), de nacionalidad peruana, fue encontrada muerta por una vecina que caminaba por el lugar.
Efectivos de la comisaría 4ta. de Los Pinos fueron alertados a través del 911 y al llegar constataron que se trataba el cuerpo de la mujer trans.Según fuentes policiales, el médico legista comprobó a simple vista que Escobar fue asesinada de al menos un disparo que impactó en el lado derecho de su cadera.
Los investigadores hallaron a unos 20 metros de allí, sobre Camino de Cintura, unas ocho vainas servidas de calibre 9 milímetros. Además, entre sus pertenencias encontraron una riñonera y, por ende, la hipótesis del intento de robo quedaría descartada.
El hecho es investigado por el fiscal Jorge Yametti, a cargo de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) Temática Homicidios del Departamento Judicial La Matanza.

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Thomas Page, el primer boxeador trans, cuenta en un libro cómo forjó su hombría sobre el cuadrilátero

«Boxear me enseñó a luchar por mi vida, me conectó con ella y me procuró una simpatía por los hombres que no había sentido jamás». «Luchar me enseñó las verdades sobre la múltiple identidad masculina y peleando sentí por primera vez cómo los hombres me cuidaban». Lo asegura Thomas Page McBee, el primer boxeador trans que combatió en el Madison Square Garden, la catedral del boxeo.Nunca se sintió atrapado en un cuerpo femenino. No obstante, a los 30 años abordó lo que este periodista, escritor, y boxeador amateur llama su «transición».

En el 2012 se hormonó y se operó y en el 2015 subió al ring con anatomía masculina. Perdió el combate, pero ganó «muchas otras cosas», según el positivo balance de este batallador nacido en Carolina del Norte en 1981, que sufrió abusos de su padrastro y vivió su infancia y adolescencia como «un chicazo». Ahora da cuenta de su transformación física, mental y moral en Un hombre de verdad (Temas de Hoy). 
Reflexiona sobre qué supone ser varón, cuestiona la masculinidad más tóxica, reivindica la conformación cultural del género y niega la máxima del título. «No existe un hombre de verdad», sostiene.

«No nací en el cuerpo equivocado. Siempre fui una persona muy masculina y andrógina y mi madre, que era científica y rompió muchos techos de cristal, me enseñó que el género se define en gran medida por la cultura», recuerda. «Me sentía cómodo, pero experimenté lo que se llama disforia de género en la treintena. Se hizo más evidente tras mi transición que podía ser más feliz cambiando», explica risueño, acomodado en su virilidad y luciendo su fino y masculino bigote.

Mohamed Ali

Page, que subtitula su libro Lecciones de un boxeador que peleaba para abrazar mejor, explica cómo el cuadrilátero fue «una revelación» que cambió su vida. «Siempre me gustó la lucha. Es un gran deporte y muy literario», dice evocando a Norman Mailer o Joyce Carol Oates y conectando el boxeo «con las batallas por los derechos civiles que encarnó Mohamed Ali en el ring».

Además de un lugar cargado de literatura, para Page el cuadrilátero era «un reto, y el sitio adecuado para plantear mil preguntas sobre la masculinidad». «Viví varios episodios de violencia: los hombres quisieron pegarse conmigo en las calles de Nueva York muchas veces y me preguntaba por qué y por la esencia de la masculinidad», dice. «El ring me enseñó mucho sobre la amistad masculina, me descubrió qué tipo de varón no quería ser y que, de no cambiar algo, me convertiría en el tío que quería pegarme», explica.

«Si pierdes la posibilidad de tener una realidad emocional humana, si dejas de hacerte preguntas, te conviertes en un macho como Donald Trump, que nunca leerá mi libro, porque no lee nada». «Ojalá que Obama, que sí es un gran lector, me ponga en su lista de lectura», bromea.

«Soy afortunado por experimentar la socialización masculina y ahora no soy distinto de cualquier otro hombre», asegura. Eso sí, está en lucha consigo mismo para alejarse, con ayuda de su mujer, de lo que Page llama «masculinidad tóxica»
«Hallé una manera de ser yo sin caer en esa toxicidad testosterónica de la que huyo», apunta. «No existe un modelo monolítico de masculinidad. Hay muchas maneras de ser un hombre, aunque la mayoritaria se basa en un esquema piramidal en el que los de abajo sostienen a los de la cúspide con la esperanza de ascender al pequeño grupo patriarcal que lo controla todo y al que nuca llegará», ahonda en su análisis.

«Hay que educar a los niños mostrando que el género es una identidad, que todos tenemos un género, pero que encararnos con esa identidad ha de darte la oportunidad de convertirte en un ser humano pleno, y no en uno que sigue las reglas que te imponen y que pueden ser muy dañinas para muchas personas», concluye.

«Como en El club de la lucha, la primera y la segunda regla de la masculinidad es no hablar de la masculinidad», apunta. Por eso, cuenta Page cómo para descubrir la suya se metió en lo que los sociólogos denominan La caja del hombre. «No debía mostrar mis emociones, ni ser vulnerable, ni enseñar otro sentimiento que no fuera la ira. No podía mostrar el duelo por la muerte de mi madre y me pregunté si todo lo que había hecho era para quedarme atrapado en un cuerpo masculino», prosigue. Las respuestas están en su libro.

lunes, 4 de febrero de 2019

La amazona trans de hace 2.500 años


Muy posiblemente sería el esqueleto de una mujer trans de hace 2.500 años que vivió como una guerrera muy apreciada dentro de la cultura pazyryk en las montañas Altai del Asia Central.
Y si bien no es la primera posible mujer trans de la que se tiene noticia como equivocadamente dicen las noticias, sí es la primera a la que le realizan una genial reconstrucción realista en 3D, por lo que se ha viralizado rápidamente y esto son buenas noticias.
Nuevos análisis de ADN habrían llevado a descubrir que el esqueleto podría ser clasificado genéticamente como de hombre, pero le fueron asignados todos los adornos y rasgos culturales correspondientes a los de una joven mujer, lo que llevaría a pensar que se trata de una de las primeras pruebas de que las mujeres trans no sólo existían hace 2.500 años sino que también era aceptadas y queridas dentro de su cultura.
Quien podría ser una mujer trans era parte del grupo de élite de guerreros de la cultura pazyryk y fue enterrada junto a sus escudos, hachas de batalla, arcos y flechas, un testamento a sus habilidades como luchadora y arquera.
También fue enterrada con caracoles de mar, raros en los entierros pazyryk, dejando claro que los demás la veían como a una joven mujer, los caracoles eran considerados un símbolo de la fertilidad femenina.
El ataúd, la almohada de madera y el carcaj para sus flechas se correspondían a los asignados a las mujeres en su cultura. Además ésta muy posible mujer trans también era considerada una gran persona y era honrada por su tribu, habiendo sido enterrada con nueve caballos para que la escoltaran en el más allá.
Este tipo de hallazgos arqueológicos así como la revisón de las vidas de las personas trans que han sido malgenerizadas por la historia revisten una particular importancia para el trans feminismo ya que uno de los argumentos utilizados con mayor frecuencia por las, los y les críticxs sociales, muchxs de ellxs LGB o queer cisgénero para invalidar la identidad y la existencia misma de las personas trans, es dejarlas sin pasado, pretendiendo que las identidades trans son un invento de la tecnología médica y de los movimientos sociales de mediados del siglo 20, así que se empeñan en descalificar cualquier intento de continuidad entre las biografías de personas trans de otras épocas, así como de los hallazgos arqueológicos, con las vidas de las personas trans de hoy en día.
No es el primer esqueleto que se ha encontrado de quien podría ser una mujer trans como dice la noticia, el problema como suele ocurrir es una suerte de cisexismo arqueológico, hasta hace muy poco las aparentes contradicciones entre el género asignado a un esqueleto antiguo y los rasgos culturales que acompañaban su entierro eran simplemente pasadas por alto y la persona trans  que era reconocida como una mujer de acuerdo a su cultura, incluso apreciada como tal, era malgenerizada contra toda evidencia, miles de años después por los arqueólogos modernos.
Antes que el descubrimiento del esqueleto de la guerrera de Altai, están los restos óseos de quien muy posiblemente era otra mujer trans en este caso todavía más antigua, de hace 5.000 años, encontrados en un suburbio de Praga en 2011 y que rutinariamente hubieran sido clasificados como de hombre, a no ser porque se encontraban en la posición y con todos los atributos culturales conferidos a una mujer, a la que además se le tenía en alto aprecio, lo que hizo dudar a la arquéologa a cargo y su equipo, quienes se refirieron al hallazgo como “el esqueleto gay”, aunque no hay forma de saber si la persona trans encontrada se reconocía a sí misma como no binaria o bien como mujer, todos los atributos del entierro se correspondían a los asignados a las mujeres de esa cultura, a no ser por los huesos, hubieran clasificado sin pensarlo su género como de mujer, pero claro está el cisexismo y no podían concebir que el género de una persona trans, en este caso posiblemente de una mujer trans, sea tan real y válido como el de una persona cisgénero, así que, si tiene huesos “de hombre” tenía que ser “hombre” aunque todo lo demás diga lo contrario.
Siguiendo la publicación del análisis del esqueleto de la mujer transgénero pazyryk, un modelo realista en 3D a partir del cráneo fue creado para el Museum of the Palatinate en Speyer, Alemania.
El reporte del hallazgo de la posible mujer trans guerrera pazyryk fue presentado primero por la publicación Science First Hand por Alexander Pilipenko del the Institute of Cytology and Genetics y  Natalia Polosmak del Institute of Archaeology and Ethnography at the Siberian Branch of the Russian Academy of Sciences.

La increíble historia del hombre trans que dio a luz a un bebé

Stephan Gaeth y Wyley Simpson nunca imaginaron que podrían llegar a ser padres de manera natural. Wyley es un hombre trans, que durante 6 años luchó para que sus rasgos femeninos se extinguieran de su cuerpo. 
Se sorprendió cuando vio la prueba de embarazo que marcaba un claro positivo. Sin embargo juntos decidieron hacerse cargo de esa aventura y desde hace cuatro meses cuidan y conviven con el pequeño Rowan.  

No quedan dudas de la sorpresa, pero se hicieron cargo de su historia y decidieron hacerla viral para "ayudar" a todas aquellas personas en su misma condición. Son una pareja gay de Estados Unidos con un hijo, un perro y una  camioneta con la que se lanzaron a las rutas para recorrer el país y vivir a su estilo.

Su historia de amor comenzó en la aplicación de citas Grindr. 
Stephan, un profesor de yoga y danza, y Wyley, un técnico veterinario, lo hicieron oficial y se convirtieron en pareja. No mucho después, su hogar se incendió. La pérdida fue un duro golpe, pero demostró ser una bendición disfrazada de tragedia.

"Se quemó pero nos dio espacio para estar juntos. El fuego quitó toda esta basura y nos dejó espacio", dijo Stephan al medio San Antonio Current. La pareja pronto se mudó a una camioneta junto con su perro, Cyrus y cuando parecía que estaban destinados a convertirse en dos viajeros solitarios, Wyley comenzó a tener náuseas matutinas.

Inicialmente lo atribuyó a su adicción a la nicotina y decidió dejar los cigarrillos después de años de fumar, pero las náuseas matutinas persistieron. Ni la Clínica Pride para la comunidad LGBTQ-plus ni el obstetra y ginecólogo de la pareja pudieron ofrecerle ninguna explicación, pero después de cinco pruebas de embarazo, se confirmó que a pesar de haber estado bajo un tratamiento de testosterona durante seis años, Wyley estaba embarazado.

Al principio fue una tragedia."Había estado haciendo la transición durante seis años, y tenía que dejar de tomar testosterona, por ejemplo. Además, había llegado a un punto en el que estaba bien con mi cuerpo y no quería retroceder. "

Sin estar seguro de qué hacer, contempló el aborto y la adopción con Stephan apoyándolo sea cual fuere su decisión. Pero cuando un estudio ultrasonido reveló brazos, piernas y un latido del corazón, Wyley se dio cuenta de que su elección era convertirse en padre, algo que siempre había querido. Y así, la pareja se embarcó oficialmente en un viaje de embarazo que la mayoría de la gente nunca considera.

"Hablamos mucho, nos preparamos mucho. Fuimos al yoga prenatal juntos, vimos muchos videos en internet y resolvimos nuestro plan de parto juntos". En septiembre pasado, finalmente el bebé llegó y desde entonces viven felices: "La gente dice que los niños son caros, pero son sólo los pañales y la fórmula. Todo lo que les importa a los nenes es la atención de sus padres y jugar", contó Wyley.
La pareja dice que Rowan Fox es un bebé tranquilo y que le gusta comer mucho. Y aseguran que tienen mucha aprobación de sus amigos: "La cantidad de apoyo ha sido tremenda", dijo Wyley. "Eso me ha ayudado a tener confianza en la paternidad, (y aprender a) confiar en la ayuda cuando sea necesario".
Ahora, esta pareja estadounidense se ha convertido en referente de toda la comunidad LGTBQ: "No podríamos estar más agradecidos del apoyo que recibimos durante todo el embarazo pero además poder ser de respaldo a nuestra comunidad significa mucho para nosotros. Nos encanta ayudar a nuestra familia queer. Mostrar que cualquiera puede tener una familia, que los cuerpos vienen en todas las formas y los tamaños y que convertirse en papá es diferente para cada uno y que no se necesita el visto bueno de nadie por ser un hombre trans o una mujer trans. Eres simplemente un hombre o una mujer, o ambas cosas o ninguna. Abandona la construcción social y déjate ser, necesitamos aprender a apoyar y a ser libres”.

viernes, 1 de febrero de 2019

Con un promedio de 38 años, son 11 personas trans fallecidas en 2019


El promedio de edad de las 11 personas trans que fallecieron este primer mes de 2019 es de sólo 38 años, es decir que vivieron exactamente la mitad del tiempo esperado para la población general, según organizaciones y activistas del colectivo, que denuncian a todos estos casos como “transfeminicidio social”. Dos fueron asesinatos por odio a su identidad de género: los casos de Mirna Antonella Di Marzo (30), quien murió el 27 de enero en Salta después de agonizar tres meses por una feroz golpiza; y de Yessica Benavídez (33), encontrada muerta el 24 de enero en su precaria vivienda de Paraná con signos de violencia.
Para Belén Correa, coordinadora del espacio Archivo de la Memoria Trans, los restantes 9 casos entran en la categoría de “transfeminicidio social”.
La dirigente argumentó que el “abandono” al que se vieron sometidas estas personas a lo largo de sus vidas por parte del Estado y otras instituciones explica que hayan muerto por “enfermedades prevenibles o crónicas mal tratadas”. “Si pensamos que el primer grupo social de pertenencia es la familia, ésta te rechaza a los 13 o 14 años, implica  que te quedas sin colegio, y si no tienes educación no poedes tampoco conseguir trabajo, es decir, estás condenada a la pobreza, sin acceso a la vivienda y a la salud. En la calle te recibe la prostitución, porque no hay otro camino", reflexionó Belén Correa.