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miércoles, 28 de enero de 2015

Diana Sánchez: “Ciudadanía está lista para que la gobierne mujer transexual”

México, 25 ene (EFE).- Diana Sánchez Barrios es la primera precandidata transexual que busca ser jefa delegacional en el Distrito Federal, una entidad mexicana en la que asegura que la ciudadanía “está más que lista” para que la gobierne una mujer como ella.
“La ciudadanía está más que lista y preparada para tener una mujer transexual gobernando la delegación Cuauhtémoc”, dijo a Efe la precandidata por el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD).
Con su transformada esbelta figura la líder civil de las minorías asegura que llega fortalecida a la campaña después de ver frustrada su precandidatura a las elecciones de diputados federales en 2012, cuando quedó fuera de la competencia por determinación del PRD.
“Hace aproximadamente tres meses el PRD hizo planillas para consejero nacional, estatal, delegacional, municipal, y fui la segunda fuerza en esta delegación; la gente está preparada, cree en Diana Sánchez Barrios”, afirmó.
Sánchez se ha hecho conocer en su ciudad natal por promover libertades para la comunidad LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales), entre ellas la eliminación del juicio por el que tienen que pasar las personas que deciden cambiar su género en la capital mexicana.
Dicha eliminación fue avalada a finales del año pasado por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y tiene pendiente un trámite administrativo para su aplicación.
En su nueva carrera por alcanzar un cargo público la mujer transexual compite con otros tres integrantes del PRD, entre ellos el diputado federal y exjefe de la delegación Cuauhtémoc, José Luis Muñoz Soria.
La competencia quedará definida a más tardar el 22 de febrero en un consejo electivo en el que Sánchez confía en que se hará con la candidatura por las encuestas que la favorecen.
“Espero que ahora sí sea la oportunidad y que se basen en las encuestas porque soy una mujer que ha hecho mucho trabajo en esta delegación Cuauhtémoc”, afirmó la precandidata, quien actualmente ejerce el cargo de presidenta de la mesa directiva del consejo político del PRD en la Cuauhtémoc.
La zancacilla que le puso su partido a su aspiración en 2012 no fue motivo suficiente para que Sánchez se apartara de la principal fuerza de izquierda de México, que ha visto empañada su imagen a raíz de la desaparición en septiembre pasado de 43 estudiantes en la sureña localidad de Iguala, Guerrero, donde gobernaba la colectividad.
Sánchez es consciente de que este hecho afectará a su partido en los comicios del próximo 7 de junio, en que los mexicanos elegirán 500 diputados federales, los Gobiernos de nueve estados y 1.532 funcionarios locales, pero pidió a sus conciudadanos un voto de confianza por las personas honestas que militan en el PRD.
“No nos podemos engañar; lo que pasó en Iguala fue terrible. Tenemos una gran indignación, pero los ciudadanos deben saber que no toda la gente que estamos dentro del parido somos así”, indicó.
Aunque apenas en 2012 se lanzó oficialmente a la política con su precandidatura como diputada federal, por las venas de Sánchez corre sangre política, heredada de su madre María Alejandra Barrios Richard, diputada de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en representación de los vendedores ambulantes.
Pero no heredó de su madre la filiación al Partido Revolucionario Institucional (PRI), al que hace oposición.
“Somos una familia muy plural y respetuosa. A veces yo no estoy en favor d
e las formas de gobernar del PRI, y sin embargo hemos sabido caminar sin mezclar este asunto”, afirmó la mujer, quien inició la transformación de su cuerpo a los 16 años.
Los programas bandera de la precandidata son la mejoría de la seguridad en la delegación y el aumento del número de mujeres en la Administración delegacional. “El 50 % del padrón electoral en la delegación Cuauhtémoc somos mujeres; por eso es importante su inclusión”, afirmó.
De su programa tampoco está ausente la comunidad LGTB, de la que afirma que trabajará por ampliar su agenda de derechos.
“Uno de los temas es la salud, porque la población trans nos hormonizamos sin consulta de ningún especialista y esto representa riesgos para la salud”, afirmó.
En su programa de Gobierno Sánchez también apuesta por un modelo trimestral de fiscalización del uso de recursos públicos en que se involucre la sociedad civil, y la creación de más espacios verdes y estacionamientos especiales para bicicletas y motocicletas particulares.
“Soy una mujer que no va a trabajar en el escritorio, a puerta cerrada; voy a salir a las 33 colonias de nuestra delegación Cuauhtémoc todas las veces que sean necesarias para ver las necesidades de la gente”, puntualizó.
Fuente: Univisión

martes, 27 de enero de 2015

Una menor transexual opta por primera vez a reina del Carnaval de Las Palmas

Lola, una adolescente de 16 años, es la primera menor transexual que aspira a convertirse en reina del Carnaval. Su objetivo es claro, "demostrar que todos los transexuales como diversidad". Su familia no para de animarla, especialmente su abuela, quienes aguardan a verla el próximo día 13 sobre el escenario para lograr el sueño de su vida.


Lola tiene 16 años y quiere ser psicóloga, pero también ha soñado muchas veces con protagonizar un momento clave en los carnavales canarios: subir al escenario como reina de las fiestas.
Sin embargo, ella es la primera transexual menor de edad que se presenta a reina del carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, y lo hace con un objetivo claro: "demostrar que todos los transexuales somos diversidad".
Su abuela no para de animarla, y además del apoyo de su familia, recibe el del colectivo Gamá, de la Asociación de Personas Sordas, en cuyo taller se ha diseñado su fantasía, y del Cabildo de Gran Canaria.
Su fantasía se llama 'La vida es bella' y poco más se sabe del diseño, quiere mantener la sorpresa hasta el final.
El día 13 desfilará por el escenario persiguiendo cumplir un sueño de toda su vida.


  
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sábado, 24 de enero de 2015

Una menor transexual opta por primera vez a reina del Carnaval de Las Palmas


Una menor transexual aspirará, por primera vez en la historia de la fiesta, al título de reina del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, en una candidatura que cuenta con el patrocinio y apoyo del Cabildo insular.
Con la fantasía «La vida es bella», del diseñador Isaac Martínez Vicente, Lola Rodríguez recorrerá el escenario del parque Santa Catalina compitiendo por el galardón de reina del Carnaval de la capital grancanaria, inspirado en esta edición en «Las mil y una noches». Gamá ha explicado en un comunicado que Lola fue inscrita como niño al nacer, pero que siempre ha sido una mujer, «como se la reconoce socialmente y como defenderá su candidatura a reina del Carnaval, sirviendo de ejemplo con su fuerza y su capacidad transformadora, a tono con la fantasía que vestirá, inspirada en la diosa griega Iris».
Al ser menor de edad, la legislación española no permite modificar su sexo ni su nombre en su documentación, donde sigue apareciendo como el varón que no es, agrega la asociación, que ha recordado que en 2005 Isabel Torres fue la primera mujer adulta transexual que aspiró a este título.
La candidatura de Lola Rodríguez se presentará oficialmente este lunes, en un acto que contará con la presencia del presidente del Cabildo de Gran Canaria, José Miguel Bravo de Laguna (PP).

Fuente: ABC.es

viernes, 23 de enero de 2015

La transexualidad se manifiesta desde la infancia


Aconsejan observar el comportamiento de niños, evaluar si existen conductas repetitivas y evitar correcciones severas.

Felipe (nombre que se corresponde al sexo y género asignado al nacer), no se divierte como otros niños. Cuando está con las muñecas las peina, las cuida. Tararea y canta las canciones de los personajes femeninos que admira de la televisión. Dice que es una princesa… Se siente niña.
Esto es parte del primer cuento para niños o niñas que podrían ser transexuales, elaborado en Ecuador por la Asociación Silueta X de Guayaquil.

La historia de este personaje se proyecta en la computadora de la activista transfemenina Diane Rodríguez, su autora. Los motivos para escribirla son muchos. En parte es su propia vida, pero particularmente se basa en la historia de una pequeña de 6 años.
Sus padres pidieron que sea evaluada por la asociación ya que desde los 4 años le gustan las muñecas y ver series de princesas. En su casa no tiene privaciones, sus padres lo comprenden. El problema es la escuela.

Según el DSM-V, el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, la disforia de género “es el desajuste psicológico derivado de la incongruencia entre el género asignado a la persona en el momento del nacimiento por su apariencia sexual y el sentimiento personal de ser hombre o mujer”.
Andrés siente lo mismo que Felipe pero alrevés. Su nombre de nacimiento es Andreína, pero a los 13 años decidió cambiar la pollera por pantalones y cortó su melena al ras. En junio del año pasado comenzó una terapia de hormonas para marcar rasgos más varoniles. Su voz cada vez es más grave y falta poco para que empiece a crecerle vello facial.

A sus 19 años, Andrés decidió presentar una queja ante la Defensoría del Pueblo para que respeten su identidad como "transmasculino" en el colegio nocturno donde cursa el décimo año.
El pasado lunes logró que en el plantel aceptasen su identidad de género masculino; hiciera la fila y usara el baño de hombres, y que sus maestros asistan a programas de sensibilización en derechos, con énfasis en identidad de género y orientación sexual.
Para Andrés, el cuento de Diane Rodríguez es una oportunidad de romper la discriminación y la intolerancia. 
La psicóloga y sexóloga María de los Ángeles Muñoz explica que la  transexualidad es una condición natural y puede empezar a manifestarse en la infancia, entre los 6 y 8 años, cuando los menores
tienen más claridad de sus sentimientos y empiezan a compararse con otros pequeños.

NOTA: adaptada por ATA-Sylvia Rivera

Fuente: El País

miércoles, 21 de enero de 2015

Guía de ConcepTos ATA-Sylvia Rivera

La Asociación de Transexuales de Andalucía (ATA) ha puesto a disposición de los profesionales de la información y de todas aquellas personas interesadas una “Guía de Conceptos” para difundir una terminología actualizada sobre las identidades trans y alejada del discurso biomédico. Un discurso cuya influencia sigue vigente tanto en el lenguaje común como en el que medios y activistas LGTB, e incluso muchas personas trans, siguen utilizando.

Como explica ATA, la palabra como vehículo de comunicación puede ser una herramienta para luchar contra la discriminación o bien para perpetuarla. Y en el caso de la realidad trans, “la influencia del discurso biomédico la ha distorsionado, patologizando lo que es una expresión de la inmensa diversidad del ser humano y de la propia naturaleza, influyendo de manera determinante en la clase médica, los políticos, medios de comunicación y en la sociedad; instalando prejuicios y tópicos que han perpetuado y perpetúan a las personas transexuales en inferioridad de condiciones y siendo la ‘excusa’ que ha justificado la vulneración de los derechos humanos fundamentales”.
Para ATA, términos bomédicos como ‘discordancia’, ‘trastorno’, ‘disforia’, ‘incongruencia’ o ’disonancia’ se traducen en estereotipos y tópicos “que se difunden en los discursos y en el lenguaje utilizado por los medios de comunicación, contribuyen a la reproducción e interiorización de estos conceptos por parte de las propias personas trans, que usan como mantras: ‘personas que viven en cuerpos equivocados’, ‘mujer que nació hombre o viceversa’, ‘hombre que vive en cuerpo de mujer o viceversa’ (…) Todo ello con el fin de negar las expresiones trans como parte de la diversidad humana. Ello ha supuesto instalar en la conciencia social y colectiva un discurso castrador y cisexista”.

Guía de Conceptos ATA-Sylvia Rivera

viernes, 16 de enero de 2015

Lucas Platero: “Antes los niños y niñas que rompían las normas eran mariquitas o marimachos”

Lucas Platero / EVA FLÓREZ
Lucas Platero / EVA FLÓREZ
Lucas Platero, de nacimiento Raquel, es sociólogo, especialista en cuestiones de género. Da clases en diversos programas universitarios de su área así como en ciclos formativos de intervención sociocomunitaria. Recientemente ha publicadoTrans*exualidades (ed. Bellaterra), un libro que, afirman, “se propone como un instrumento para el cambio social”. Precisamente por esto, pone el énfasis en la educación, ofreciendo una serie de herramientas para el trabajo de profesionales educativos y de intervención sociocomunitaria. Usa el término “trans*” para enfatizar la diversidad de realidades. Tal es esa diversidad, que las herramientas que ofrece sirven para romper estereotipos que afectan a todas las personas, en especial niños y jóvenes, más allá de su identidad sexual o de género.
Mucha gente se sorprende al oír hablar de menores trans, seguramente por los estereotipos existentes. ¿Cómo les explicarías qué es la transexualidad?
Siempre ha habido niños y niñas que se salen de las expectativas que tienen sus familias o escuelas. A veces tiene que ver con la capacidad corporal, con las habilidades o la sexualidad, y en este caso, hablamos de la identidad de género. En las escuelas o ludotecas siempre hay niños más femeninos o niñas más masculinas, esta expresión puede que sea de algo temporal o que no es especialmente intenso, pero para otros, será una actitud que por su persistencia, duración e intensidad tiene una cualidad distinta, por lo que van a necesitar más apoyos, al ser vulnerables a la discriminación.
Si pensamos en la realidad de los menores, los espacios donde socializan están segregados por género, son los lavabos, los uniformes, las actividades… Si quieres adscribirte a otro género distinto al asignado en el nacimiento, las normas sociales e institucionales te lo impiden y te castigan si las trasgrides. Incluso algunos profesores llegan a percibir a las personas trans* como personas conflictivas, precisamente porque rompen con esas normas, en lugar de plantearse que son las normas rígidas las que causan las rupturas. Para algunas familias, estas realidades trans* rompen con las expectativas que proyectaban sobre sus hijos y han de reconciliarse, a veces incluso hacer un duelo, ajustándose a las necesidades que tienen y, a su vez, con las necesidades de sus hijos.
La definición no es sencilla.
Las personas trans* lo son en la medida en que consideran que lo son. No me interesa tanto la cuestión diagnóstica, como el papel que tiene la persona para decidir sobre su propia vida, con los apoyos de su entorno. Así, la tarea de los adultos es acompañar y ayudar a que la vida de esta gente joven sea lo más feliz posible, y no apresurarlos a la hora de afirmar su identidad, porque son ellos mismos los que tienen que decidir. Me interesa mucho que esto surge de los mismos padres y madres, que señalan que lo importante es acompañar, algo en lo que coincidimos también muchos profesionales y activistas. Las definiciones y los protocolos sobre cómo actuar en los espacios como las escuelas o los centros de menores es algo que nos planteamos los adultos, para justificar nuestra actuación frente a quienes preferirían que les castigásemos o corrigiéramos. Los chavales a su vez necesitan que los protocolos les permitan hacer algunos cambios, para poder vivir según sus necesidades. Son cosas sencillas y concretas, es de lógica que un niño se pueda llamar de la manera que más le guste. Si no se siente identificado con el nombre que pone en su DNI, ¿qué problema hay por llamarlo con otro? Esto no sólo le pasa a las personas trans*, pero sí es mucho más difícil cambiar de nombre legalmente o conseguir que la gente respete tu identidad.
No sólo las personas trans se ven afectadas por estas reglas.
El sexismo le hace mal a los hombres y a las mujeres, no sólo a las personas que están transitando o son trans*. La masculinidad construida en la competitividad, en la agresividad o cierta feminidad de las niñas modositas, nos aprisiona en roles de género muy limitados. Cuestionar la identidad corporal o los roles binarios de género es importante, por ejemplo para que las chicas sepan que pueden ser lo que quieran, o que un chico no tiene que ser el típico machote. Para mi, no sólo se trata de que no se discrimine a las personas trans*, sino también de cuestionar estas normas tan rígidas, algo que nos beneficia a todas las personas.
¿En las escuelas se educa en una relación muy determinada entre sexo y género?
El currículum de educación infantil (por debajo de los seis años) contiene un criterio, para valorar si los niños y las niñas identifican claramente cuál es el género de los demás y el propio. Empezamos la experiencia educativa aprendiendo un binarismo muy férreo. Quizás habría que plantearse la necesidad de estas exigencias y la importancia de encontrarse con otras experiencias educativas con docentes que van más allá del currículum oficial y que respetan las necesidades de los niños y las niñas.
¿Y cómo hay que responder a ese binarismo?
Es importante que las niñas y los niños tengan un imaginario con muchos referentes y maneras diversas de estar en el mundo, que permite pensarse de una manera más plural. Pensemos que el interés de separar qué es de chica o de chico contiene una presión consumista clara, sobre el uso del rosa para chicas o de los juguetes de acción diseñados para chicos; diferenciarlos sirve para crear espacios de mercado. No puedes usar la bicicleta rosa de tu hermana porque no es apropiado para un chico. Quién dice una bicicleta, dice un jersey o un bolígrafo.
Por otra parte, quiero señalar que hay experiencias en escuelas que parten de la comunicación entre familias, profesorado y estudiantes, que plantean modelos no sexistas, que cuestionan la rigidez de estos binarismos y que trabajan activamente por los derechos de los menores trans*, posibilitando su transición o generando espacios neutrales al género. En este sentido es vital reconocer el trabajo de las asociaciones como  Chrysallis o  AMPGIL en Catalunya, que están haciendo un trabajo importantísimo para conseguir que se respete a los chavales.
La situación ahora es distinta a hace unos años. ¿Estamos mejorando?
Empezamos a concebir otras realidades que antes no teníamos presentes, como es el hecho que los menores también tienen género y sexualidad. Antes todos los niños y niñas que rompían las normas eran mariquitas o marimachos, pero ahora, los medios y las redes nos devuelven más imágenes distintas y posibles. Ahora estamos mejor porque hay personas trans* que son visibles, que muestran que sus vidas son posibles y diversas, también hay más derechos así como una mayor visibilidad de las familias que defienden a sus hijos e hijas trans*, profesionales que quieren innovar y rechazan las terapias reparativas… Deseo pensar que estamos transformando la sociedad cada día, un poquito.
¿Entonces la clave está en conocer otras realidades posibles?
Es clave que los chavales conozcan a otros que tengan situaciones parecidas, otras familias y personas trans* adultas que les puedan ayudar a imaginar un futuro posible. Si crees que eres el único trans* en el mundo, el sentimiento de soledad es muy grande. Si conoces a otros, puedes aprender estrategias y puedes compartir preocupaciones.
Y en esto de conocer otras realidades internet habrá jugado un papel…
¡Sin duda! Internet tiene un papel fundamental, tanto para lo bueno y para lo malo. Por una parte, te permite acceder a información sobre la transexualidad o la sexualidad no normativa, conocer a otras personas en situaciones similares. Y por otra, internet también ha servido como herramienta para hacer bullying, como en el caso de la joven Carla de Gijón, a quien sus compañeras llamaban “bizca” y “bollera”, en el que  ha habido condena a las jóvenes que la indujeron al suicidio.O en el caso de la joven norteamericana trans* Leelah Alcorn, que  escribió en su blog sobre su identidad y la falta de apoyo de sus padres como motivos de su suicidio. Internet y las redes sociales forman parte de nuestro tiempo, ha servido para que estas jóvenes se expresen y se genere una movilización de alcance mundial, que denuncia la violencia que viven los jóvenes por su sexualidad y su identidad de género.
Luego está la parte negativa y es que se pueden usar todas las herramientas de las redes sociales para acosar a alguien. Todo depende de como uses los medios a tu alcance. Imaginemos que alguien muy joven pone en un buscador palabras como “trans, transgénero o transexual”, se va a encontrar todo tipo de información, desde leyes, asociaciones o páginas porno, lo cual plantea que es necesario generar materiales específicos y este el objetivo que persigo con el libroTrans*sexualidades.
¿Se están generando estos materiales específicos?
Se están haciendo algunas cosas y entre todos vamos tejiendo una maraña de recursos. Quienes estamos en la tarea de generar libros y materiales tenemos la responsabilidad de hacerlo muy bien, porque hay una gran necesidad de saber y aún pocos materiales. Hace poco el periódico Diagonal publicó  una entrevista sobre nuestro libro y ya nos han escrito varias personas dándonos las gracias, mostrando la necesidad de hablar de este tema.
Portada del libro 'Trans*exualidades' (ed. Bellaterra)
Portada del libro 'Trans*exualidades' (ed. Bellaterra)
Por otra parte, lo que tengo claro es que la información es muy importante, pero no es suficiente, saber que la transexualidad existe no es suficiente. En nuestro libro hay definiciones para entender las realidades trans*, se muestra el marco legal y médico, se incluyen también los testimonios de muchas personas. Pero hay que dar un paso más allá, hay que denunciar la transfobia y la discriminación que todavía existen, tenemos que facilitar que las personas adquieran más habilidades para entender y convivir con las personas trans* de una manera respetuosa, enfrentándose a sus ideas erróneas y los mitos existentes. Con este objetivo el libro contiene propuestas para la intervención social, que incluyen la prevención y la actuación frente a la transfobia, así como actividades para realizar en grupo y recursos, que permiten abordar nuestras actitudes y profundizar con materiales accesibles (literatura infantil, ensayo, audiovisuales, cine, etc.)
También has podido conocer muchas realidades con el libro.
Haber hecho este libro me ha llevado a hacer un gran trabajo de investigación y ¡ha sido una experiencia fantástica! Me he entrevistado con personas trans*, sus familias, los profesionales que trabajan con personas trans* y con activistas trans*. Lo que más llama la atención es la heterogeneidad que he encontrado, las personas trans* entrevistadas son trabajadores de ámbitos muy distintos, algunos son padres y madres, otros son niños y niñas muy pequeñas que se preguntan por su identidad, o bien son gente ya muy mayor que reflexiona sobre cómo han cambiado sus vivencias a lo largo del tiempo.
Ha sido muy esclarecedor escuchar y conocer a niñas y niños de cinco o seis años que van buscando las palabras para poder expresarse, para construirse en relación con su entorno y poder constatar los esfuerzos que hacen sus familias por escucharles.
Han sido cuatro años de entrevistas con gente muy diversa y de aprender a no juzgar a las personas. Desde quienes se consideran “mujeres de verdad”, hasta quienes afirman que los roles de género que tenemos no funcionan. Me he encontrado con una gran heterogeneidad, por eso me gusta hablar de realidades trans* con asterisco, porque hay identidades y vivencias muy diversas. Me interesa precisamente esa noción plural de la transexualidad. No todas las personas transitan de un género a otro, algunas simplemente rechazan el género asignado en el nacimiento. Y es precisamente con el asterisco con el que quiero señalar esta diversidad, al tiempo que también pueden encontrar consenso en la lucha contra la discriminación.
Hablas de la importancia de escuchar, que es precisamente uno de los derechos de la infancia.
No respetar la identidad de género o la necesidad de un niño o niña a expresarse con respecto a su identidad es una violación de los derechos de la infancia, así como el artículo 10 de la Constitución sobre el libre desarrollo de la personalidad. A menudo se esgrime que tenemos que impedir que los jóvenes expresen su identidad discordante, por el propio “bien del menor”, que es un argumento para aplicar el castigo o enviar al menor a una terapia reparativa, para que sean “como debe ser”. Esto es terrible, porque estamos mandando un mensaje muy claro de que la persona está enferma, es errónea, está mal y no es querible. Esta respuesta negativa tiene un impacto brutal en su vida y en la relación que construye con su familia y su entorno. El bien del menor supone acompañarle en su crecimiento, ir probando y dejarle expresarse.
Por otra parte, también es una vivencia que puede ser difícil para las familias, que tienen que replantearse sus expectativas. Por mi experiencia, hay muchos padres que están muy dispuestos a escuchar y aprender al mismo tiempo que sus hijos. Los padres tienen que entender que no son ellos los que tienen hijos, sino que son los hijos los que tienen padres.

jueves, 15 de enero de 2015

10 Cosas que en realidad estás diciendo cuando ignoras los pronombres de una persona trans

malgeneriza
A todas las personas trans nos pasa, una de las cosas que resultan más desgastantes es la resistencia que uno enfrenta a que la traten como la persona que es, incluso o especialmente de parte de aliados LGB cis o feministas cis, ya no digamos entre las propias personas trans.

Seguir llamando “él” a una mujer trans, “ella” a un hombre trans, o bien insistir en que una persona que no es ni hombre ni mujer o genderqueer ” se decida,” o lo contrario, comenzar a lanzar la “x” o el asterisco en lugar de la “a” o la “o” que correspondería en determinado caso, asumiendo que trans es automáticamente igual a no binario.
Todo eso causa mucho daño, de ninguna manera son micro-agresiones, aunque su efecto aumenta con la repetición, son acumulativas, son daños directos, un ladrillo más sobre nuestras cabezas.
Así que en Akntiendz Chik traducimos y compartimos este atento recordatorio que hace a las personas aliadas Sam Dylan, hombre trans, en un artículo para una de nuestras revistas favoritas, “Everyday Feminism,” las 10 cosas que en realidad estás diciendo cuando ignoras los pronombres de las personas trans.
1. Te conozco mejor de lo que tú te conoces a ti misma, mismo o misme.
La identidad de género de una persona trans y de cualquiera, la forma en que se relaciona con su cuerpo y con las nociones de feminidad y masculinidad, sólo puede ser determinada por la propia persona, y es a ella a quien corresponde descubrirse y declararlo, no a tí. Tú no estás viviendo su vida, no hay forma de que tú puedas saber mejor que esa persona cómo se siente o quién es en relación a su género. ¿Quién te nombró a tí la autoridad en las vidas de otras personas?
2. Prefiero lastimarte una y otra vez antes que tomarme la molestia de cambiar la forma en que me dirijo a tí.
Cada vez que malgenerizamos a una persona trans, le estamos haciendo daño. ¿Prefieres herir a alguien con tal de no modificar un poco tu forma de hablar de ella?
3. Tu seguridad no tiene la menor importancia para mí.
Cuando malgenerizas a una persona trans, pones en riesgo la seguridad en sí misma de esa persona, incluso puedes poner en peligro su seguridad física. Cuando alguien se siente invalidada y maltratada a ese nivel ya no puede sentirse segura en determinado lugar. También nos arriesgamos a exponer a esa persona como persona transgénero ante otros, persoans que no sabían que era trans, quienes podrían ponerse agresivos o hasta violentos al darse cuenta que esta persona es trans, ésto puede causarle daño a las personas trans, sin importar si ésto no era tu intención. Una persona trans puede perder su alojamiento, su trabajo y sus amistades si su estatus trans se revela sin su consentimiento.
4. Tu identidad no es real y no tiene por tanto por qué ser reconocida.
Cuando ignoras los pronombres de una persona trans y en lugar de eso decides seguir adelante con los pronombres que según tú son más apropiados, lo que estás diciendo es que no reconoces la identidad de esa persona como auténtica, que no la aceptas, que la ignoras. “No te creo, así que rechazo tu verdad y la reemplazo con mis suposiciones.”
5. Quiero que todos a mi alrededor aprendan a faltarte el respeto.
Ahora la persona trans tendrá que darle explicaciones una y otra vez ante esas personas a las que tú les enseñaste a usar los pronombres incorrectos, le estás haciendo la vida mucho más difícil a la persona trans, una vida que es ya de por sí, difícil.
6. Ofenderte a tí me parece bien siempre que sea para mi propia comodidad.
Lo que realmente estás diciendo es que está bien faltarle el respeto a alguien, siempre y cuando eso te haga la vida más cómoda a tí.
7. Escucho que estás hablando pero no quiero saber qué estás diciendo.
Sí, escuché que me contaste tu verdad, tu propia experiencia, tu vida, pero de todas maneras voy a ignorarte y voy a continuar malgenerizándote, es que, en realidad, no me importas.
8. Que tú seas quien en realidad eres me resulta inconveniente.
En lugar de que te sientas orgullosa, orgulloso u orgullose de la persona trans por vivir su verdad o de apreciar que me has revelado tu verdad a mí, voy a ignorar lo que me has dicho porque me resulta una inconveniencia.
Aunque las personas trans están expuestas a altísimas tasas de violencia, suicidio, desamparo y discriminación, la verdadera tragedia aquí es que yo tengo que hacer un esfuerzo para utilizar los pronombres con los que una persona trans desea ser tratada.
9. Prefiero que dejes de ser honesta, honesto u honeste conmigo.
Al parecer, prefieres que la persona trans viva una mentira con tal que eso te haga la vida más fácil a tí, en lugar de abrazar a esa persona en su verdad y su felicidad, y que siga adelante como su auténtico ser.
10. No soy una persona aliada tuya, ni amiga, ni nadie en quien puedas confiar.
El intento es diferente al impacto. Sólo porque tú no tuviste la intención de hacer daño eso no cambia lo que recibe la persona trans a la que se lo dijiste. Cuando malgenerizas a alguien el mensaje que das es invalidante. En lugar de reemplazar la realidad de alguien con tus propias suposiciones, celebra su decisión de seguir adelante y vivir lo más auténticamente posible. La identidad de género de alguien no está allí para que tú arbitrariamente decidas sobre ella, sólamente la persona trans sabe lo que es mejor para sí misma y puede, consecuentemente nombrar su propia identidad. Puede que tú no entiendas bien todo este asunto de la identidad, el género es complicado y el espectro transgénero puede resultarte un concepto nuevo para tí, sin embargo es importante que escuches, que confíes y que con el tiempo, comiences a comprender cómo es que una persona trans ha llegado a entenderse a si misma. Usar los pronombres correctos es una manera de validar que todas, todos y todes tenemos el derecho a vivir nuestra propia verdad, cualquiera que sea la misma o cualquiera que sea el camino con sus vueltas y giros. Y eso, es algo bello.
Preparado por Akntiendz Chik.
Del artículo de “Everyday Feminism,””10 Things You’re Actually Saying When You Ignore Someone’s Gender Pronouns.” Ilustración de la página de Fb “Transgender Graphics.”
Fuente: Akntiendz

miércoles, 14 de enero de 2015

II JORNADAS TRANS ANDALUCÍA “#JuventudTransformandoIgualdad

Por segundo año consecutivo, la Asociación de Transexuales de Andalucía Sylvia Rivera, con el objetivo de promover entre la juventud de Andalucía valores democráticos de solidaridad, inclusión y una cultura de respeto a la identidad de género, organiza las II Jornadas Trans en Andalucía, cuyo lema es “#JuventudTrasnformandoIgualdad”.

ATA Sylvia Rivera persigue así contribuir a la consecución de una igualdad real del colectivo de personas trans, así como a la erradicación de la transfobia, mediante diversas ponencias realizadas por profesionales y personas de especial interés por su labor realizada, teniendo este año las jornadas una mayor relevancia al realizarse dentro del nuevo marco jurídico que representa la Ley Integral de Transexualidad de Andalucía, en vigor desde julio de 2014.

A las jornadas, que se desarrollarán los días 20 y 21 de febrero, en el  Albergue Inturjoven de Sevilla, en C/Isaac Peral, 2, podrán asistir jóvenes de toda Andalucía y en general toda la sociedad andaluza. Para ello sólo tenéis que rellenar la solicitud de inscripción, que podéis descargar en el siguiente enlace y enviárnosla según se indica en ella.


PROGRAMA DE LAS JORNADAS: 


lunes, 5 de enero de 2015

Una forma moderna de tortura: la terapia de conversión

En un mundo como en el que vivimos: donde hay guerras, muertes, corrupción, impunidad, violencia y tanto odio, es fundamental empezar a cambiar primero individualmente nuestro chip de desprecio y discriminación

“La transexualidad no es una elección. Si fuese una elección, ¿por qué una persona en su sano juicio escogería una forma de vida que implica tantas dificultades, prejuicios y discriminaciones?. No somos tan libres como parece. No hemos elegido ser transexuales. Para mi, lo que nos define no son nuestras aptitudes, son nuestras elecciones. Por eso es tan importante saber distinguir qué es lo que elegimos y qué es lo que nos viene dado. Igual que no he escogido ser moreno, no he escogido ser transexual. Hasta que no se entiende esto, no se puede razonar con nosotros.”
– Autor desconocido.
 
Cuando las personas escuchamos la palabra tortura, la primera imagen que se nos viene a la mente es de alguien siendo herido físicamente, tipo como una película sobre la CIA. Sin embargo, hay distintos tipos de tortura: entre ellos, la tortura psicológica.
Durante mucho tiempo la homosexualidad fue considerada una enfermedad. No fue sino hasta la década de los 1970 que la homosexualidad fue retirada como trastorno mental del manual de la Asociación Americana de Psiquiatría[1]; empero, la Organización Mundial de la Salud[2] aún permitía las prácticas de terapias de conversión. Fue hasta 1990 que la homosexualidad fue eliminada del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales durante la Asamblea General de la OMS. No obstante, la transexualidad sigue siendo clasificada como trastorno mental por la OMS (la APA la eliminó de su manual en el 2012). En las clasificaciones del DSM-V y el CIE-10 de la OMS, la transexualidad se establece como una enfermedad mental.
Esto es algo que debe de cambiar, pues considerar institucionalmente a las personas trans como enfermas mentales, sólo sirve para contribuir a su discriminación, a su depresión y, puede incluso, contribuir a su muerte.
De acuerdo a un estudio publicado este 2014 por la American Foundation for Suicide Prevention del The Williams Institute, 46% de los hombres trans y 42% de las mujerestrans han intentado suicidarse. Y estas estadísticas suben exponencialmente si estas personas sufren de bullying en las escuelas, en el trabajo o en cualquier sector de la sociedad. Pero el peor índice de suicidios de personas trans, es cuando estas no son aceptadas por su familia: el 78% de los trans que han sido rechazados por su familia o sufrido violencia por ello, han intentado suicidarse.


¿Por qué tenemos que formar parte de una sociedad tan llena de odio hacia los demás? Todos debemos ser tratados como iguales. Platicando con un profesor de mi facultad, reflexionamos en que el Derecho no sería en lo absoluto necesario si todos observáramos únicamente un artículo: el primero de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Este artículo dice:
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”
Si todos acatáramos lo que dice este artículo, el mundo sería tan diferente.

Quiero reflexionar sobre el reciente caso que se hizo viral sobre la joven trans Leelah Alcorn. Ella al nacer se le asignó un sexo y género contrario al sentido como propio y de nombre Joshua, sus padres siempre rechazaron que fuera una chica transexual. Tenía 17 años y se suicidó el 28 de diciembre del 2014 al no poder soportar el rechazo de sus seres amados y de la sociedad. A continuación, traduzco su nota de suicidio:

“Si están leyendo esto, significa que cometí suicidio y obviamente no pude borrar este escrito de mis notas programadas.
Por favor, no estén tristes, es lo mejor. La vida que iba a vivir no valía la pena porque soy transgénero. No puedo explicar detalladamente por qué me siento de esa forma, pero esta nota probablemente será lo suficientemente extensa. Para ponerlo de forma simple, me siento una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre y así me he sentido desde que tenía 4 años. Nunca supe que había una palabra para describir ese sentimiento, ni que era posible que un niño se convirtiera en una niña, por lo que nunca le dije a nadie y continué haciendo cosas de niños para intentar encajar.
Cuando tenía 14 entendí lo que significaba ser transgénero y lloré de felicidad. Luego de 10 años de confusión finalmente entendí quién era yo. Inmediatamente le dije a mi mamá y ella reaccionó de forma extremadamente negativa, diciéndome que sólo era una fase, que nunca sería una niña de verdad, que Dios no comete errores, que estaba mal. Si están leyendo esto, padres, por favor no les digan eso a sus niños. Así sean cristianos o estén contra la gente transgénero nunca lo digan a alguien, especialmente a sus niños. Eso no logrará nada más que ellos se odien a sí mismos. Eso es exactamente lo que me hicieron a mi.
Mi mamá comenzó a llevarme a un terapeuta, pero sólo me llevó a terapeutas cristianos (los cuales todos eran parciales) por lo que nunca obtuve la terapia que necesitaba para curar mi depresión. Sólo obtuve más cosas cristianas, como que era un egoísta y estaba mal y que debía voltear a ver a Dios y pedirle ayuda.
Cuando tenía 16 años me di cuenta que mis padres nunca cederían y que debía de esperar a tener 18 años para comenzar mi tratamiento de transición, lo cual me rompió totalmente el corazón. Entre más esperes, más difícil es la transición. Me sentía sin esperanzas, ya que sólo iba a ser un hombre vestido de mujer el resto de mi vida. En mi cumpleaños 16, cuando no tuve el permiso de mis padres para comenzar la transición, lloré hasta quedarme dormida.
Me formé una actitud tipo “púdranse” con mis padres y salí del closet en la escuela, pensando que quizá si me declaraba transexual sería menos fuerte. Aunque la reacción de mis amigos fue positiva, mis padres estaban enojados. Se sentían como si yo estuviera atacando su imagen y que los estaba avergonzando. Querían que yo fuera el perfecto niño heterosexual cristiano y eso era obviamente algo que yo no quería.
Me sacaron de la escuela, me quitaron mi computadora y mi teléfono, me prohibieron entrar a cualquier tipo de red social, aislándome completamente de mis amigos. Esto fue probablemente la etapa de mi vida cuando estaba más profundamente deprimida y para mi sorpresa no me maté. Estuve completamente sola por cinco meses. Sin amigos, sin apoyo, sin amor. Sólo la decepción de mis padres y la crueldad de la soledad.
Al final del año escolar, mis padres finalmente cedieron y me dieron mi teléfono y me dejaron entrar a redes sociales. Estaba emocionada y finalmente tenía a mis amigos de vuelta. Estaban extremadamente emocionados de verme y hablar conmigo pero sólo al principio. Eventualmente se dieron cuenta que no les importaba una mierda y me sentí aún más sola que antes. A los únicos amigos que pensé que tenía sólo les agradaba porque me miraban cinco veces a la semana.
Luego de un verano de casi no tener amigos, más el peso de tener que pensar en la universidad, ahorrar dinero para irme, mantener mis calificaciones, ir a la iglesia cada semana y sentirme como mierda porque todos estaban en contra de todo por lo que vivía, decidí que había sido suficiente. Nunca voy a pasar de forma exitosa por una transición, aún si me voy. Nunca voy a ser feliz con la forma en que me veo o me escucho. Nunca voy a tener los suficientes amigos para sentirme satisfecha. Nunca voy a tener el suficiente amor para sentirme satisfecha. Nunca voy a encontrar a un hombre que me ame. Nunca voy a ser feliz. O vivo el resto de mi vida como un hombre solitario que desea ser una mujer o vivo mi vida como una mujer solitaria que se odia a sí misma. No hay nada que ganar. No hay forma de escapar. Estoy lo suficientemente triste. No necesito que mi vida se ponga todavía peor. La gente dice “todo va a estar mejor” pero en mi caso no es cierto. Se pone peor, cada día está peor.
Eso es todo esencialmente, es por eso que me siento con ganas de matarme. Lo siento si no es una buena razón para ustedes, pero es suficiente para mí. Como mi testamento, quiero que el 100% de las cosas que poseo legalmente sean vendidas y que el dinero (más mi dinero en el banco) sea dado a movimientos por los derechos civiles de los transgénero y grupos de apoyo, no me importa cual. La única forma en que descansaré en paz es el día en que la gente transgénero no sea tratada de la forma en que a mi me trataron, que sea tratada como humanos, con sentimientos válidos y derechos humanos. El género necesita enseñarse en las escuelas, entre más temprano mejor. Mi muerte debe de significar algo. Mi muerte debe de ser parte del número de gente transgénero que cometió suicidio este año. Quiero que alguien vea ese número y diga: “qué jodido” y lo arregle. Arreglen a la sociedad. Por favor.
 Adiós.
(Leelah) Josh Alcorn.”

Incluso después de su trágico suicidio, los padres de Leelah se niegan a aceptarla como es. A quienes critican, discriminan o juzgan a las personas transexuales, sólo quiero hacerles una pregunta: ¿y si fuera tu hijo/a, lo/a despreciarías como lo haces con los demás, como lo hicieron los Sres. Alcorn con su hija? ¿Te gustaría que tu hijo/a se suicidara?
No se trata de juzgar a los padres, sino de concientizar a la sociedad sobre el sufrimiento de estas personas y darnos cuenta todos de que los podemos ayudar.Actualmente, volteamos hacia atrás y vemos lo ridículo que era negarle el mismo trato digno y equitativo a los negros y tratarlos como esclavos. Realmente espero que un día, no muy lejano, podamos voltear hacia atrás y ver lo ridículo que es que nuestra sociedad haga lo mismo con la comunidad trans.
En fin, como el caso de Leelah, han habido muchos. Y esto debe de parar. Tenemos, como sociedad, que aprender a aceptar a las personas como son. Y también tenemos que aprender a informarnos sobre las identidades de género, orientaciones sexuales y demás para respetar la diversidad sexogenérica. Porque la gente le tiene miedo a lo que no conoce; y yo creo que la ignorancia en el tema de la transexualidad es la principal causa de que sean discriminadas.
 En un mundo como en el que vivimos: donde hay guerras, muertes, corrupción, impunidad, violencia y tanto odio, es fundamental empezar a cambiar primero individualmente nuestro chip de desprecio y discriminación, para poder luego exigirle a las autoridades y a la OMS que quiten de una buena vez la transexualidad de la lista de trastornos mentales. Tenemos que ser más humanos.
 

Como dice la famosa actriz Laverne Cox:
A ver, ¿cómo es que piensas que Dios juzgará a otros debido a quién aman, pero no te juzgará a ti por odiar a alguien que, además, nunca has conocido? No somos lo que los demás dicen que somos. Somos quienes nosotros sabemos que somos.”
Hay que dar gracias por no haber tenido que pasar por todo el dolor y violencia que sufrió Leelah y sufren todas las personas transexuales. Tenemos la responsabilidad moral de apoyarlos porque son personas como cualquiera de nosotros y no merecen tanto sufrimiento simplemente por ser quienes son. Debemos de ayudar a acabar con su tortura; no sólo dejando de hacer comentarios denigrantes, sino buscando eliminar totalmente las terapias de conversión, que son de lo más deplorable que existe en nuestra sociedad actual.

Tú,  transfóbico:
Da gracias por no sufrir de discriminación, en lugar de juzgar y torturar psicológicamente a las personas trans, que no han hecho nada malo. Ser cisexual no te hace superior que los demás. ¿Quién te dijo que mereces más derechos humanos que las personas trans? ¿Quién eres tú para juzgar?

Maria Santos 

 [1] En lo sucesivo, APA.
[2] En lo sucesivo, OMS.

viernes, 2 de enero de 2015

¿Y si los niños quieren ser princesas?

Este artículo forma parte del dossier sobre consumo del número de enero de La Marea, que puedes comprar en quioscos y en nuestra tienda virtual
Dos niños juegan al futbolín y una niña los mira. Un chaval pilota una moto y la niña va de paquete. El disfraz es de “doctor”, y lo lleva un niño, la niña viste el de “enfermera”. En pleno 2014, estas imágenes todavía pueblan los catálogos de juguetes que distribuyen grandes cadenas como El Corte Inglés, Carrefour o Toys “R” Us.  El revuelo mediático que ha causado el catálogo de las jugueterías Toy Planet, mostrando a niños que juegan con casas de muñecas y a niñas con grúas de construcción, da una idea de lo interiorizados que están todavía los clichés sexistas. En 2013 el sector juguetero en España facturó más de 1.300 millones de euros. Según datos de los fabricantes, unos 5.000 empleos directos y 20.000 indirectos dependen de una industria que se lo juega todo en la temporada navideña (un 70% de las ventas). Un año más, muchos de los juguetes que se venderán estas fiestas habrán sido publicitados mediante campañas sexistas, según un estudio del Instituto Vasco de la Mujer (Emakunde).
Tras analizar durante 45 días diez canales de televisión, diez periódicos, cinco cadenas de radio y varios catálogos, la conclusión del informe es demoledora: “La publicidad de juguetes sigue perpetuando los modelos tradicionales de feminidad y masculinidad, enseñando a las niñas a ser Barbies o princesas y a los niños a ser campeones. Para garantizar una publicidad de juguetes libre de sexismo, el primer paso es reconocer que tanto los juegos y juguetes como los anuncios ejercen un importante papel socializador durante la infancia, es decir, que enseñan a los niños y niñas cómo actuar, a qué dedicarse y qué desear”.
Desde la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ) lo ven de manera distinta: “Nosotros todos los años encargamos un estudio independiente para que evalúen la salud de la publicidad. Al fin y al cabo Emakunde o el Instituto Andaluz de la Mujer lo que quieren es el titular vistoso. La publicidad no debe ser inductora del cambio social, sino reflejar la sociedad tal cual es”, declara a La Marea una portavoz de las empresas jugueteras. Los fabricantes no consideran que haya sexismo en la publicidad: “Que aparezca una niña en una cocina no es discriminatorio, que aparezca una niña en la cocina con un niño detrás en una actitud relajada, leyendo el periódico, que es lo que se hacía antes, eso sí es discriminatorio”. Respecto a las fotos de los catálogos que todavía reproducen escenas sexistas, la respuesta de los fabricantes es ésta: “Hay anuncios que se reciclan año tras año. En los anuncios nuevos se evita la discriminación. Es un cambio lento”.
En su obra Homo ludens (1938) el antropólogo Johan Huizinga recordaba: “El juego crea un orden, es orden”. No parece que vaya a haber demasiado cambio, ni rápido ni lento, en el orden establecido, atendiendo al detalle del estudio elaborado por Emakunde. Éstas son algunas de las características discriminatorias identificadas en la publicidad del periodo 2013-2014: “Los anuncios protagonizados por niñas se presentan en gran medida en entornos interiores y del hogar (70%), mientras que en el caso de los niños apenas constituyen el 55%. Se detecta que un 23% de los nombres de productos de anuncios protagonizados por niños presentan relación con los arquetipos (aventurero, luchador, científico-creador…) o profesiones (policía, piloto…) tradicionalmente vinculados a este sexo. El control, la dominación y el espíritu competitivo son algunos de los valores más presentes. En lo que respecta a las niñas, se observa que un 45% de los nombres de productos dirigidos a este sexo presenta vínculos con el mundo de la belleza, de la magia, de la fantasía y del hogar y los cuidados. En lo que respecta a la transmisión de arquetipos en los eslóganes de anuncios dirigidos a niñas, en un 46% se señala la presencia de alguno. Entre los más presentes destacan los de fashion/moderna (29%), coqueta (22%) princesita (22%) y cuidadora (13%)”.
La principal argumentación de los fabricantes tiene base cientificista: “Hay estudios psicológicos, antropológicos y sociológicos que muestran que los niños y las niñas juegan de forma diferente. A los niños les gustan unas cosas y a las niñas otras. Eso se refleja en la publicidad. El niño tiene un juego mucho más activo que el de la niña”. Esther Martínez Pastor, investigadora de la Universidad Rey Juan Carlos, lleva años elaborando informes sobre publicidad y juguetes y considera que tanto la genética como la sociedad juegan un papel: “Es una mezcla de ambas. Estas diferencias no sólo se representan en la publicidad sino en un patio del colegio o en un parque, donde se ve que su forma de interactuar es diferente”.

La disyuntiva de la industria

Sin embargo, también hay estudios psicológicos que rechazan el determinismo biológico. En su investigación Juego sociodramático y diferencias de género, la psicopedagoga Emma Lobato Gómez señala: “Cuando un niño se pinta los labios o juega con un carricoche, un gesto de desaprobación puede ser determinante para entender que su conducta no es la adecuada. A medida que esto ocurre los niños y niñas van desarrollando sus propias construcciones mentales de lo que debe ser o hacer un chico o una chica (…) Las diferencias de género, que muchos de los profesores y profesoras atribuyen a factores genéticos, o a lo que de forma tan abstracta llamamos sociedad, se manifiestan desde muy temprano”. Genética y sociedad, sociedad y genética. Samuel Butler, un novelista británico del siglo XIX, admirador de Darwin, aseguraba que el progreso consiste en luchar contra el determinismo biológico. La industria juguetera se halla en la disyuntiva entre liderar el cambio hacia una sociedad igualitaria (una decisión poco rentable económicamente) o simplemente perpetuar los roles de género tradicionales… y seguir facturando millones de euros.
Fuente: Lamarea 

Adolescente trans deja carta suicida a sus padres


Una adolescente transgénero de 17 años se suicidó después de que sus padres cristianos se negaron a aceptarla, antes de cometer tal acto, dejó una carta de despedida en la que culpa a sus padres por su decisión.
Su madre escribió un mensaje comunicando la muerte de su hijo sin mencionar el suicidio, de hecho solo puso que había sido golpeado por un camión durante “una caminata en la mañana” y que ahora estaba en su casa del cielo.
Sin embargo, el adolescente había publicado una nota horas antes de su muerte en su cuenta de Tumblr explicando en detalle por qué se había elegido para poner fin a su vida.
Leelah Alcorn, acusó a sus padres de obligarlo a asumir un género con el que no se sentía identificado con el fin de seguir las enseñanzas cristianas.
Aquí la carta íntegra:
Si estás leyendo esto significa que me he suicidado y evidentemente no he podido borrar este post.
Por favor, no estés triste; es por mi bien. La vida que habría vivido no merecía la pena ser vivida… porque soy transgénero. Podría explicar detalladamente por qué me siento así, pero esta nota probablemente vaya a ser lo suficientemente larga de por sí. En sencillas palabras: me siento una chica atrapada en el cuerpo de un chico, y me he sentido así desde que tenía cuatro años. Nunca supe que había una palabra para este sentimiento, ni que era posible que un chico se convirtiera en una chica, así que nunca se lo dije a nadie y simplemente continué haciendo las cosas típicas que hace un chico para intentar encajar.
Cuando tenía 14 años aprendí lo que significaba transgénero y lloré de felicidad. Después de diez años de confusion, por fin comprendí lo que yo era. Inmediatamente, se lo conté a mi madre, y reaccionó de forma profundamente negativa, diciéndome que era una fase, que yo no querría nunca verdaderamente convertirme en una chica, que Dios no comete errores y que yo estaba equivocada. Si estás leyendo esto y son padres, por favor, no le digan eso a sus hijos. Incluso si son cristianos o están en contra de la gente transgénero, jamás se lo digan a nadie, y menos todavía a sus niños, porque no conseguirán más que hacer que se odien a sí mismos. Eso es exactamente lo que me sucedió a mí.

Mi madre empezó a llevarme a un terapeuta, pero sólo me llevaría a uno cristiano (que tienen un gran sesgo), así que en realidad nunca tuve acceso a la terapia que realmente necesitaba para superar mi depresión. Sólo conseguí más cristianos diciéndome que era una egoísta y estaba equivocada, que tenía que acudir a Dios para conseguir ayuda.
Cuando tenía 16 años asumí que mis padres nunca me comprenderían, y que tenía que esperar como mínimo hasta los 18 para empezar cualquier tipo de tratamiento de transición de género, lo que me partió el alma por completo. Cuanto más esperas, más dificíl es la transición. Me sentí desesperanzada, que iba a seguir viéndome físicamente como un hombre disfrazado el resto de mi vida. En mi cumpleaños número 16, cuando no conseguí el consentimiento de mis padres para empezar la transición, lloré hasta dormirme.
Desarrollé una especie de actitud negativa hacia mis padres y me declaré públicamente homosexual en el colegio, pensando que tal vez si decidiera declararme como trans tendría un menor impacto. A pesar de que mis amigos reaccionaron positivamente, mis padres se enfadaron. Ellos pensaban que estaba atacando su imagen y que lo que quería era avergonzarlos. Querían que fuese el perfecto niño cristiano normal, y eso obviamente no era lo que yo quería.
Así que me sacaron del colegio público, se llevaron mi ordenador y mi teléfono y me prohibieron utilizar cualquier tipo de red social, aislándome completamente de mis amigos. Este fue probablemente el momento de mi vida en el que más deprimida estuve, y me extraña que no me suicidara. Estuve completamente sola durante cinco meses. Sin amigos, sin apoyo ni comprensión, sin amor. Sólo con el desacuerdo de mis padres y la crueldad de la soledad.
Al final del año académico, mis padres finalmente me devolvieron mi teléfono y me permitieron volver a las redes sociales. Yo estaba emocionada, por fin tenía a mis amigos de vuelta. Ellos estaban sumamente emocionados de verme y hablar conmigo, pero sólo al principio. Con el tiempo me di cuenta de que no se preocupaban lo más mínimo por mí, y me sentí todavía más sola de lo que me había sentido en un principio. A los únicos amigos que pensé que tenía, sólo les gustaba porque me veían cinco veces por semana.
Después de un verano, prácticamente, sin amigos, más el peso de tener que pensar en la universidad, ahorrar dinero para mudarme, mantener mis notas, ir a la iglesia cada semana y sentirme como una mierda porque todo el mundo allí estaba en contra de todo por lo que yo vivía, decidí que había tenido suficiente. Nunca voy a poder tener una transición existosa, ni siquiera cuando me mude. Nunca voy a ser feliz con la forma en que me veo o sueño. Nunca voy a tener suficientes amigos. Nunca voy a tener suficiente amor. Nunca voy a encontrar a un hombre que me ame. Nunca voy a ser feliz. Viva el resto de mi vida como un hombre solitario que desearía ser una mujer, o viva el resto de mi vida como una mujer solitaria que se odia a sí misma. No hay forma de ganar. No hay salida. Ya estoy lo suficientemente deprimida, no necesito que mi vida se convierta en algo peor. La gente dice que mejorará, pero eso en mi caso no es verdad. Va a peor. Cada día estoy peor.
Este es el quid (punto esencial), es por lo que siento ganas de suicidarme. Disculpa si no es una razón lo suficientemente buena para ti, pero para mí lo es. Respecto a mi voluntad, quiero que el 100% de todo lo que legalmente poseo sea vendido, y el dinero (junto con mi dinero en el banco) sea donado a movimientos por los derechos civiles de los transexuales y grupos de apoyo, no me importa un capullo a cuál. La única forma de que descanse en paz es que un día la gente transexual no sea tratada de la misma forma que yo lo he sido, sino que sean tratados como seres humanos, con sentimientos válidos, con derechos. El género debe ser enseñado en los colegios, cuanto más temprano mejor. Mi muerte debe significar algo. Mi muerte debe sumar en el número de gente transgénero que se ha suicidado este año. Quiero que alguien se moleste en mirar ese número y diga esto está jodido y lo arregle. Que arregle la sociedad. Por favor.
Adiós,
(Leelah) Josh Alcorn






La mayor parte de los problemas de la estudiante iniciaron cuando sus padres se negaron a comprender su identidad
sexual, llevaron al menor a terapias con cristianos. La carta finaliza haciendo un llamado a favor de los derechos de los miembros de la comunidad transgénero y una mayor tolerancia social a la diferencia.