jueves, 30 de octubre de 2014

Menores transexuales: invisibles y sin derechos

Algunas personas sienten y expresan en su infancia identidades sexuales diferentes a las que les asignaron al nacer. El sistema los ignora mientras las familias luchan para que se reconozcan sus derechos.


“En el momento en que somos capaces de nombrarnos”, contesta la sexóloga Almudena Herranz cuando se le pregunta a qué edad puede una persona expresar su identidad sexual. Patrick lo hizo a los dos años. Eli a los tres. “Cuando pueden empezar a nombrarse hablan de sí mismos en el género que les resulta más afín a lo que sienten”, explica Herranz. “Algunos son muy directos y empiezan a decir que son niños o niñas aunque todo el mundo piense lo contrario”.
Saida insiste en que nunca ha querido condicionar a su hija, sino que procura que ella tenga “toda la información”
Los y las menores transexuales, niños o niñas cuya identidad sexual no coincide con el sexo asignado al nacer en función de sus genitales, no existen en la estadística. Pero “los niños hablan y, cuando lo hacen, tenemos que escucharlos”, explica Vio­leta Herrero, madre de Eli, vicepresidenta de Chrysallis Madrid y coordinadora del grupo de padres y madres de Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (Cogam). Su hija le dijo muy pronto que, pese a haber sido clasificada como niño al nacer, era una niña. En su familia empezó un proceso de transición. “Cuando empiezas a dejar que tu hija sea ella misma la oyes reír, ves que, en su caso, terminan los terrores nocturnos, no le dan rabietas, no la ves decaída… ves que es una niña mucho más feliz”.“Dejándoles que se expresen sabemos que mejora su estado de ánimo, y cualquier familia lo relata: empiezan a relacionarse de otra manera con la gente, a estar sonrientes”, explica Herranz.
Por su parte, Saida García, presidenta en la Comunidad de Madrid de la asociación de familias de menores transexuales Chrysallis, señala qué es lo que más demandan las familias. “La primera necesidad de las familias con menores transexuales es la información, y con esa información puedes hacer un mejor acompañamiento”. La asociación Chrysallis da cobertura a unas 150 familias y responde cada día dos o tres mails de madres o padres que se hacen preguntas y no encuentran respuestas. En algunos casos, dice Saida, simplemente se trata de padres y madres que detectan actitudes no normativas en su hijos e hijas. La psicóloga feminista experta en terapias de género Cristina Garaizábal, con una larga trayectoria junto a personas transexuales, pide prudencia para no etiquetar a las personas antes de tiempo y condicionar su desarrollo. Saida insiste en que nunca ha querido condicionar a su hija, sino que procura que ella tenga “toda la información”.

Poner nombre

“Muchas veces los padres y las madres lo que relatan es que pensaban que sus hijos o hijas eran más masculinos, o más femeninos, o creen que se trata de que son gays o lesbianas; la capacidad de explicación llega hasta ahí”, dice Herranz. “Te explican que su hijo es sensible, o que su hija es marimacho pero, ¿un niño transexual?… Se quedan sorprendidos”. Poner nombre forma parte de un proceso complicado en el que los menores transexuales y sus familias se enfrentan a un sistema para el que son invisibles. Las familias de Chrysallis se quejan de las trabas para cambiar el nombre de sus hijos e hijas en el registro. Pero hay resquicios: los padres de Eli buscaron un nombre unisex para poder hacer el cambio de nombre y ser oficialmente quien ya era en su vida cotidiana. La familia de Patrick espera poder hacer pronto la rectificación registral de sexo y nombre.
Dibujos Chrysallis (6)
El sistema de salud tampoco es capaz de dar cobertura a los y las menores transexuales. Violeta y Eli “se colaron” en la unidad de género de la Comunidad de Madrid. Eli, explica su madre, era entonces la paciente más pequeña y acuden a la unidad regularmente para dejar constancia de su caso, algo que en teoría le facilitará en un futuro el acceso a otros recursos si así lo desea. En la unidad del género, la sensibilidad es poca, como ya indica su nombre: Unidad de Transtornos de Identidad de Género (UTIG). No hay pediatra ni personal médico especializado en menores transexuales. A Eli, ir a ver a su endocrino le parece “un rollo”, explica su madre. “Se da por hecho que quien va allí es porque quiere operarse y no se atiende ningún otro aspecto”. De hecho,no todas las personas transexuales piensan en someterse a una operación de reasignación de sexo. Según Violeta, su hija expresó inquietud desde muy pequeña: “Preguntaba a su hermano por operaciones, me preguntaba cuándo le iba a crecer la barba”. Después del cambio de nombre, explica su madre, Eli se relajó. “Creo que ha ido aceptando su cuerpo cada vez más, y que le influye saber que hay otras niñas como ella”.
Patrick, que tiene 12 años y vive en un pueblo de Huesca, ha empezado a tomar bloqueadores hormonales hace cuatro meses. Lo hace en una clínica privada de Barcelona, después de que el sistema público de su comunidad autónoma se los denegara. “Ha sido dificilísimo”, cuenta su madre, Natalia Aventín, presidenta de Chrysallis a nivel estatal. “Estaba preocupada porque mi hijo estaba dejando de hacer cosas como ir a la piscina o hacer deporte; desde que está con los bloqueadores está bien… adolescente, pero bien”.
Dibujos Chrysallis (27)
Según Chrysallis, el criterio de acceso a este recurso, que sirve para frenar el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios y se puede utilizar en la pubertad si lo desea el menor y los padres consienten, no está definido y en la práctica depende de la voluntad del médico. “El problema es que en este país hay un descontrol total. Hay sitios donde no se dan hormonas hasta los 18 años, ni tan siquiera se dan a los 16, cuando se podrían dar con el permiso paterno o materno. En otros sitios, se dan bloqueadores en la adolescencia. Eso demuestra cómo ni la propia comunidad profesional que se dedica a estos asuntos se pone de acuerdo en relación a los bloqueadores. Yo creo que hay casos en los que son necesarios… La norma sería analizar cada caso en concreto”, dice Garaizábal.
Chrysallis pide una ley que proteja a los menores transexuales. “Las necesidades son muy básicas y lo que debería incluir una ley para nuestros menores ya está recogido en la Constitución y en los Derechos del Niño: no es otra cosa que el derecho al libre desarrollo de la persona, que no se respeta”, dice Natalia Aventín. “El que no se le excluya del sistema sanitario o la libre identidad son derechos fundamentales”, apunta.
Las familias de estos niños y niñas creen que sus hijos son valientes y afirman que tener un hijo transexual ha enriquecido sus vidas. “Me ha hecho crecer como persona y me ha enseñado la diversidad”, dice Violeta. “Si esto no me hubiera pasado, habría muerto ignorante”, explica Natalia. Creo que estamos en una situación en la que, por primera vez, las familias apuestan por lo que dice el chaval o la chavala”, cuenta Almu­dena Herranz. “Estos peques tienen en primera línea de apoyo a sus padres, a sus madres, a sus hermanos. Las vivencias que van a tener son muy diferentes a las que han tenido las personas transexuales que hoy son adultas”.

Una realidad negada en las aulas

Natalia Aventín, presidenta de Chrysallis en el Estado español, se queja de que en los colegios se estudien los tipos de hojas y la clasificación de los minerales, pero se evite cualquier referencia a la diversidad sexual. Los menores transexuales “pasan por el colegio sin poder ver su realidad reflejada, y no sólo eso, sino que su realidad es negada”, se queja. “Ellos no existen, y además eso se les manifiesta públicamente un día tras otro”.
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Alguna claves para entender la transexualidad

Identidad sexual:
Sexo sentido como propio por cada persona y que le autodefine como hombre, mujer,queer o diversas identidades trans.
Orientación:
Preferencia sexual de la persona. Da lugar a la clasificación entre personas heterosexuales, homosexuales, asexuales y pansexuales.
Tránsito social:
Proceso en el que la persona transexual pasa a presentarse como quien es en su entorno.
Bloqueadores:
Herramienta para retrasar la aparición de caracteres sexuales secundarios que consiste en suministrar un nivel estable de la hormona GHRH.
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Un niño de 10 años cambió de género y ahora se llama "Facha"

ARGENTINA.-
""La cigüeña se equivocó, soy un nene", me dijo un día al volver de las vacaciones. Fue la vez que lo puso en palabras. Lo acompañamos en este paso porque sabemos cómo sufría", dijo Bárbara, la mamá de "Facha", un nene de 10 años que cambió de género en el Registro de la Ciudad sin ningún tipo de controversia y acogiéndose al derecho que le otorga la Ley de Identidad de Género.

A partir de ahora, su partida de nacimiento tendrá el nombre de "Facha", como eligió llamarse el niño. Llevará el nombre de varón porque ése es el género con que se autopercibió desde temprana edad. La familia fue recibida por la directora del Registro Civil de la calle Uruguay al 700, Ana Labaqué, quien definió al acto administrativo como "la adecuación de la normativa que viene acompañando este proceso de reconocimiento de la identidad tal como cada uno la percibe".

Labaqué considera que "este es un acto de justicia", y sostuvo que "un niño necesita el acompañamiento de la sociedad para vivir en paz, con su identidad, tal como él decide que sea". La jueza informó que "es válido el consentimiento del niño. Y que a los 10 años, como es el caso de Facha, un niño sabe en qué estado sufre y en que estado pretende ser feliz", completó.

Se trata del segundo caso conocido de un menor de 18 años en el país y el primero sin ningún tipo de impedimento, a diferencia de la situación de Lulú, cuyo reclamo necesitó contar con el respaldo de organizaciones sociales y apoyo político. Hace un año, la niña trans -por entonces de 6 años- recibió por parte de las autoridades de la Provincia de Buenos Aires su DNI acorde con su identidad de género autopercibida.

"Facha" tiene dos hermanas y va a una escuela pública del barrio porteño de Barracas. Le gusta jugar al fútbol y tiene un sueño: salir a la cancha de la mano de un jugador de Boca Juniors, como hacen otros chicos. Su madre agradeció el acompañamiento de los organismos y organizaciones que "se pusieron a nuestro lado cuando decidí acompañar a mi hijo, y a la escuela de mi hijo, cuyas autoridades también están con nosotros".

La familia acudió primero al INADI y después a 'Fulanas'; allí entró en contacto con Kalym Sosa, titular de la Red Intersexual, Transgénero y Transexual de Argentina (RITTA) y el primer varón trans en recibir el DNI de manos de la presidente Cristina Kirchner.

El caso de "Facha" fue el primero de cambio de identidad en menores de 18 en la Ciudad de Buenos Aires. María Rachid, diputada porteña y fundadora de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (Falgbt), estuvo presente y celebró que la ley de Identidad de Género "haya incluido a niñas, niños y adolescentes menores a 18 como sujetos de este derecho".


miércoles, 29 de octubre de 2014

Leyendo entre líneas

Las noticias lo anuncian así: “Por primera vez en la historia, la Organización Mundial de la Salud sacaría la transexualidad del capítulo dedicado a ‘trastornos mentales y del comportamiento’”. Sin embargo, la despatologización parece un punto todavía lejano en el horizonte. ¿Qué hay de bueno y qué hay de mejor? A estas y a otras cuestiones responde un activista clave en la mirada despatologizante que ostenta como excepción y como orgullo en el mundo la Ley de Identidad de Género argentina. Mauro Cabral es codirector de GATE, desde donde coordina su iniciativa internacional sobre el proceso de reforma de la Clasificación Internacional de Enfermedades.

Este año, tras dos años de deliberaciones y bajo una sostenida presión de l*s activistas por la despatologización, la OMS hizo pública la creación de un nuevo capítulo en el borrador online de la CIE-11: el Capítulo 6 sobre salud sexual, en el cual se han incluido las “incongruencias de género”, entre otros códigos. ¿Esto significa que en la nueva Clasificación las personas trans ya no están patologizadas? ¿Qué significa, después de todo, despatologizar? El activismo por la despatologización es una lucha emancipatoria, aunque los términos mismos de esa emancipación estén también en disputa. Para unos significa el pleno acceso a derechos sin requisitos diagnósticos; para otros, la eliminación de los diagnósticos y la subversión del orden medicalizado de los cuerpos. Entre una y otra posición –y sus múltiples variantes– se tensionan versiones contenciosas acerca del rol de la medicina en la definición de las diversas experiencias trans y en torno de la propiedad misma del cuerpo. La demanda de transiciones quirúrgicas y hormonales, ¿expresa formas radicales de incorporación protésica a través del recurso autónomo a la medicina como instrumento, o expresa formas conservadoras de expropiación tecnológica del cuerpo en los tiempos alienantes del biocapital? Mauro Cabral lo resume así: “La despatologización como horizonte se parece, en este sentido, a una cinta de Moebius: la apuesta por el máximo de libertad pareciera hacerle el juego al enmascaramiento de la biomedicina como principio regulador del deseo de transicionar; la apuesta por el mínimo, en tanto, pareciera hacerle el juego a la perpetuación de la lógica biomédica, diagnosticando el deseo transicional como patología personal y política.”

Existía un acuerdo o una especie de ultimátum en el marco del activismo sobre que en el año 2012 la transexualidad iba a dejar de ser considerada una enfermedad mental. Estamos en 2014 y todavía ese fin del mundo no se produjo. ¿Está todo perdido?

–Es cierto, ese mundo en que identificarse en un género distinto al sexo asignado al nacer es considerado un modo patológico de existencia no terminó. Sin embargo, en este tiempo tanto el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) como la CIE han pasado por un intenso proceso de revisión y reforma.

¿En qué consiste esa nueva versión?

–Primero en aclarar que ya si partimos de que se trata de un “Manual”, supone un límite infranqueable: cualquier categoría incluida entre sus páginas será, por definición, un trastorno mental. Ahora se ha eliminado el “trastorno de identidad de género” y se lo ha reemplazado por la nueva versión de un viejo diagnóstico: “disforia de género”. Si se toman en consideración las pretensiones totalizadoras del diagnóstico anterior –que patologizaba a las personas trans sólo por ser quienes somos–, la “nueva” categoría podría verse como un avance, puesto que enfoca la atención clínica en la experiencia trans específica del sufrimiento y deja de aplicarse una vez que ese sufrimiento desaparece. La verdad es que, en todo el mundo regido material y simbólicamente por el Manual y sus códigos, las personas trans seguimos estando atrapadas en una versión u otra de la enfermedad mental, y seguimos siendo catalogad*s como una especie de sufrientes. Y hay que recordar que los diagnósticos provistos por ese Manual siguen siendo condición imprescindible en muchos países del mundo para acceder a derechos tales como el reconocimiento legal y las modificaciones corporales, las cuales siguen siendo concebidas en este marco, e indefectible, como el “tratamiento” indicado para un sufrimiento diagnosticado, y nunca como un modo biotecnológicamente mediado de expresión de sí.

¿Y en el caso de la reforma de la CIE?

–En el caso de la Clasificación, el Grupo de Trabajo reunido por la Organización Mundial de la Salud también apuntó a reducir los alcances del diagnóstico y recomendó la eliminación de todas las categorías diagnósticas que afectan de una u otra manera a las personas trans, incluyendo el “trastorno de identidad de género” y el fetichismo travestista, entre otras. También recomendó la introducción de nuevas categorías en la próxima edición de la Clasificación: “incongruencia de género en la adolescencia y la adultez” e “incongruencia de género en la infancia”. Y, lo que es fundamental, recomendó finalmente evitar toda mención a las cuestiones trans en el capítulo sobre trastornos mentales.

¿En qué sentido la nueva categoría, “incongruencia de género”, es mejor que la anterior?

–El “trastorno de identidad de género” es un diagnóstico tan nefasto que pareciera que cualquier categoría capaz de reemplazarlo tiene, por fuerza, que ser al menos un poco mejor. En ese sentido, la “incongruencia de género” también evita diagnosticar a las personas trans sólo por ser quienes son, atendiendo más bien al malestar que pudiera causar la incongruencia entre la identidad de género y el modo en el que se encarna. Sin embargo, como es obvio, sólo se puede patologizar la incongruencia a través de invocar implícitamente un ideal cisexista de congruencia (corporal, identitaria, expresiva). Y, además, se vincula taxonómicamente la incongruencia con el sufrimiento, y la congruencia con esa felicidad con certificación sanitaria de la que supuestamente gozan l*s congruentes y que l*s demás carecemos. Es decir: se ha propuesto que identificarse en un género distinto al que se nos dio al nacer deje de ser un trastorno (mental o de cualquier índole), pero lo que está en peligro de extinción es la posibilidad de vivir modos no estereotipados, disidentes, incongruentes, del género.

¿Por qué no luchar por eliminar de una vez y para siempre toda mención diagnóstica?

–La respuesta sigue siendo motivo de orgullo y dolor: sólo un país en el mundo –el nuestro– admite el acceso al reconocimiento legal de la identidad de género y el acceso a la salud transicional sin requerir un diagnóstico, psiquiátrico o de cualquier tipo. Dinamarca se sumó recientemente a la lista, pero sólo en lo que respecta al reconocimiento legal. Esto significa que en el resto del mundo aquellas personas trans que aspiran a modificar su inscripción registral o su configuración corporal, continúan requiriendo de códigos en el DSM o en la CIE para tener acceso a esas modificaciones (toda vez que acceso no sólo significa autorización sino también la cobertura de salud pública o privada). Ninguna de estas consideraciones justifica, sin embargo, la introducción de la categoría “incongruencia de género en la infancia”, y es por eso que gran parte del esfuerzo en pos de la despatologización está centrado en resistirla.

Pero, ¿por qué patologizar a l*s niñ*s trans?

–La explicación más sencilla es que la diversidad de género en la infancia sigue siendo culturalmente insoportable, pero los argumentos “racionales” son otros. Se habla, por ejemplo, del abordaje clínico de la ansiedad que podrían sufrir papás y mamás de niñ*s que se rebelan contra las expectativas asociadas al sexo que les asignaron al nacer (es decir, se propone la patologización de la infancia como terapéutica adulta). Otro argumento habla de la influencia decisiva del diagnóstico en el mantenimiento y expansión de recursos para la investigación, incluyendo el financiamiento y las posibilidades concretas de publicar investigaciones, un argumento no sólo perverso sino además falaz: allí están décadas de investigaciones y publicaciones sobre la homosexualidad despatologizada. Hay quienes argumentan que el diagnóstico es la única manera de garantizar la inclusión educativa en un mundo donde la segregación por sexos ha sido tan naturalizada como despolitizada y donde, tristemente, se concibe los marcos diagnósticos como más efectivos que el marco de los derechos humanos. Finalmente, un argumento central entre quienes apoyan tanto el viejo como el nuevo diagnóstico es la capacidad de funcionar como historia clínica, es decir, el funcionamiento del diagnóstico como un archivo.

¿Cuál sería la función de ese archivo diagnóstico?

–Puesto que la primera intervención biotecnológica transicional es la administración de bloqueadores hormonales en la pubertad, hay quienes consideran que un diagnóstico infantil es necesario para garantizar el acceso inmediato al tratamiento. Esta posición universaliza la necesidad diagnóstica a partir de un tratamiento disponible en pocos países, y naturaliza esa misma necesidad (nada curiosamente, la “incongruencia de género en la infancia” es defendida por los mismos equipos médicos que proveen el tratamiento). Peor aún, este argumento instituye la hormonación como destino común, imponiendo el diagnóstico temprano como un modo de asegurar la transición futura. Tal y como lo sostienen desde el propio campo médico expert*s de la talla de Sam Winter o Simon Pickstone-Taylo, es obvio que todos estos argumentos fracasan a la hora de atender las dos necesidades principales de l*s niñ*s: crecer en un mundo que no les imponga formas normativas de la masculinidad o la feminidad a través del sometimiento diagnóstico, y la necesidad de contar con información, apoyo y contención.

Si se eliminan los diagnósticos que patologizan la diversidad de género en la infancia, ¿qué pasará con aquell*s niñ*s trans que requieran atención de salud especializada?

–La Clasificación ya tiene –y va a tener– códigos no patologizantes que permiten el acceso a servicios capaces de brindar asesoramiento y acompañamiento, si fueran necesarios, sin la necesidad de diagnóstico alguno. Y para aquellas circunstancias en las que es necesario atender la depresión o la ansiedad infantil (producidas, en muchos casos, por la hostilidad y el rechazo que l*s rodea), la CIE ya tiene, y tendrá, códigos generales que permiten su cobertura.

¿Es posible abordar la intersexualidad desde la perspectiva de la despatologización?

–Sin dudas, aunque se trata de procesos distintos y de cuestiones distintas también. Abordar las cuestiones intersex desde una perspectiva despatologizadora implica no solamente afirmar que la diversidad corporal sexuada no es, ni debe ser considerada, una patología; implica también el trabajo cuidadoso de distinguir, en la configuración de cada cuerpo intersex, aquellas características que necesitan de atención médica de aquellas que no la necesitan. También es preciso incluir y articular las consecuencias irreversibles de la patologización en el activismo por la despatologización, incluyendo el dolor crónico, la esterilidad, la mutilación y la insensibilidad genital, el trauma postquirúrgico, las fístulas e infecciones crónicas, los cambios metabólicos generados por la extirpación quirúrgica de gónadas o los tratamientos farmacológicos de “normalización” corporal, es decir, el registro de que la patologización (nos) enferma.

¿Qué impacto tienen los “trastornos del desarrollo sexual” en la lucha por despatologizar la intersexualidad?

–Desde mediados de los ’90, el movimiento intersex le disputa a la biomedicina su jurisdicción sobre la intersexualidad. Es evidente, por ejemplo, en las vicisitudes de la terminología. A finales del siglo XIX, el hermafroditismo mitológico fue resignificado como categoría de uso clínico y acompañado de sendos pseudo hermafroditismos para permitir un mayor rango diagnóstico. Al promediar la segunda década del siglo XX se volvió necesario introducir una nueva denominación, más acorde con el desarrollo de un vocabulario especializado; y entonces comenzó a hablarse de cuerpos intersex, aunque los términos anteriores aún sobreviven. El éxito de la lucha iniciada por el movimiento intersex en los ’90 en pos de la despatologización de la intersexualidad –y la apropiación y subversión del diagnóstico, transformado en identidad política– tuvieron como respuesta una nueva embestida patologizadora. En el año 2006 se creó una nueva clasificación, que no sólo reorganiza la multitud de cuerpos intersex en una taxonomía de “trastornos del desarrollo sexual” sino que, como argumenta la investigadora intersex Georgiann Davis, procuró restablecer la autoridad médica sobre esa jurisdicción en disputa: nuestros cuerpos. Un aspecto central por la despatologización intersex en este momento pasa por resistir la imposición de ese vocabulario y sus variantes, puesto que para el movimiento intersex existe una relación intrínseca entre nomenclatura y tratamiento. Mirtha Legrand diría: “Como te ven, te tratan”. Los avances de la genética y de las tecnologías de monitoreo fetal han extendido las fronteras de la medicalización hasta alcanzar a los embriones intersex –frecuentemente sometidos a de-selección a través del diagnóstico preimplantación–, promoviendo el aborto selectivo de fetos intersex y la administración prenatal de drogas para “prevenir” el nacimiento de niñ*s intersex.

¿Cuáles son las consecuencias políticas de la patologización intersex?

–El propio activismo intersex enfrenta la patologización constante de sus demandas (nuestra lucha suele ser desestimada en tanto síntoma político de cuerpos trastornados). Y puesto que las intervenciones de normalización corporal tienen lugar habitualmente en la primera infancia, la mutilación genital infantil intersex pareciera infantilizar al movimiento, mutilando nuestra capacidad de ser reconocid*s como activistas adult*s con la expertise de más de veinte años de lucha sostenida. A pesar de estas resistencias, la fuerte presencia del activismo intersex en los sistemas regionales e internacionales de derechos humanos ha contribuido decisivamente a la identificación de prácticas médicamente innecesarias y no consentidas como formas de tortura, de abuso médico y de esterilización forzada, coercitiva o involuntaria, lo que es decir, como violaciones a los derechos humanos.

¿Qué significa la despatologización para alguien que, como vos, sobrevive las consecuencias de la patologización trans e intersex?

–Hace años circulaba por el mundo de habla castellana una oración que afirmaba: “Mi cuerpo, primer territorio de paz”. Me gustaría, un día, ser capaz de suscribirla. Hoy no es ese día. Mientras dure esta guerra (o mientras yo dure), lo que queda de este cuerpo es mi primer territorio de lucha.

martes, 28 de octubre de 2014

La Comunidad de Canarias vulnera los Derechos Humanos de las Personas Trans por “ley”


Una auténtica puesta en escena que la historia del movimiento Trans condenará como el acto más ruin, hipócrita y bipolar políticamente hablando.

El Parlamento de Canarias aprobó el pasado 23 de octubre por unanimidad una proposición de ley (PPL) de no discriminación por motivos de identidad de género y de reconocimiento de los derechos de las personas transexuales, planteada de manera conjunta por todos los grupos parlamentarios y promovida por colectivos lgtb de Canarias.

¿Dónde la “incongruencia” y bipolaridad política de dicha ley?

Léase en su articulado:

Artículo 2. Ámbito de aplicación.

1. Esta ley será de aplicación a todas las personas con residencia efectiva en cualquiera de los municipios de la Comunidad Autónoma de Canarias, que tengan la “condición de personas transexuales” de conformidad con lo dispuesto en el apartado siguiente.

2. Por personas transexuales, a efectos de esta ley, se entiende toda aquella persona que acredite ante las administraciones públicas canarias, mediante informe de un/a psicólogo/a colegiado/a:
a) Que carece de patologías que le induzcan a error en cuanto a la identidad de género que manifiesta y pretende le sea reconocida, manifestando una voluntad estable, indubitada y permanente al respecto; y
b) Que presente una disonancia igualmente estable y persistente durante al menos seis meses, entre el sexo morfológico de nacimiento y la identidad de género sentida por el/la solicitante.

Se habla de trato igualitario, y nos segregan, se dice garantizar la no discriminación, y nos convierten a priori en sospechosas/os de ser enfermas/os mentales, se habla del derecho a la libre expresión del género, y dependemos de diagnósticos médicos que autentifiquen nuestra condición de mujeres u hombres transexuales.

En esta Ley, que nos devuelve a la patologizante Ley de rectificación registral de 2007, se vulneran declaraciones internacionales de derechos humanos como los Principios de Yogyakarta (2007), el informe temático Derechos humanos e identidad de género del comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa (2009) y la Resolución del Consejo de Europa 1728 (2010) sobre discriminación por razones de orientación sexual e identidad de género, en la que se afirma que el derecho al reconocimiento legal del género no debería ser restringido por ningún procedimiento médico obligatorio.

La jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos exige claramente a los estados no sólo que proporcionen la posibilidad de someterse a cirugía de reasignación de género a las personas trans, sino también que los protocolos de atención sanitarias cubran en general los tratamientos “médicamente necesarios”, de los que forma parte la transición al género sentido.

Las personas transexuales, al contrario de lo que nos ha hecho creer el discurso biomédico, no necesitamos tratamientos específicos. Todos los tratamientos que recibimos, desde los tratamientos hormonales a los quirúrgicos, son usados en numerosas ocasiones, en más de las que creemos, por el resto de la población no transexual. Basten estos ejemplos: una mujer que tiene el síndrome premenopáusico necesita estrógenos, los mismos que necesita una mujer transexual; una mujer con hirsutismo, exceso de vello facial o corporal, es tratada por la sanidad pública con antiandrógenos, los mismos que usan las mujeres transexuales; un hombre que desarrolla ginecomastia, que es aumento de mama, se enfrenta a los mismos problemas que un hombre transexual. En ninguno de estos casos, para obtener estos servicios sanitarios, la gente es segregada en una unidad especial ni sospechosa de ser enferma mental, por lo tanto, esta ley rompe el principio de igualdad y de no discriminación.

La psiquiatría debe apartarse y no intervenir en los procesos de transición de las personas transexuales. Nos ha hecho muchísimo daño el discurso biomédico que ha patologizado la transexualidad, difundiendo conceptos que han perpetuado la discriminación y nuestra consideración como subhumanos: “personas que viven en un cuerpo equivocado", "error de la naturaleza", "hombres atrapados en el cuerpo de una mujer y viceversa"… “personas discordantes, disonantes…” Todos estos conceptos difundidos por el discurso biomédico y reproducidos e interiorizados en los discursos por “activistas” y entidades LGtB, niegan la transexualidad como una expresión de la diversidad humana.

Lo que es una incongruencia, disonancia y discordancia es pedir la despatologización de las identidades trans y al mismo tiempo, patologizarla por ley”, declara Mar Cambrollé, presidenta de la ATA-Sylvia Rivera, quien añade, “ Es sorprendente como  las mas altas esferas el movimiento LGTB del Estado Español, han aplaudido y apoyado la Ley Canaria, que nace ya obsoleta, y que en el caso de la Ley Andaluza, que si fue promovida y consensuada  por colectivos de personas transexuales y que es la Ley mas avanzada de toda Europa, hayan hecho  mutis por el foro” y sigue,“Desde una perspectiva de derechos humanos  en lo relativo a la atención sanitaria,  no es necesario que se realice ningún diagnóstico para descartar patologías mentales para dar acceso al tratamiento de una situación que requiere asistencia médica”.






lunes, 27 de octubre de 2014

Nova Transex (activista transexual): “Me indigna la parte más carca de algunas entidades LGTB”

Tiene 26 años “reales y demostrables” y está inscrita como pareja de hecho desde hace cinco años, “momento en el cual conocí a mi marido Alejandro y supe que quería pasar con él el resto de mi vida”. Admite ser adicta a los cosméticos y a las cirugías, aunque cree que a estas alturas “eso lo sabe todo el mundo”. Le encanta cocinar y apunta que encuentra el placer “en las cosas más sencillas”.

¿Qué tiene en común con el superhéroe de cómic del Universo Marvel?
Si te soy sincera, me siento mucho más identificada con Catwoman que con este personaje que nombras.
Si le dieran a elegir, ¿qué superpoder le gustaría tener?
Succionar los cerebros de gente intolerante y transfóbica, para más tarde volvérselos a implantar libres de transfobia, mediocridad y todo lo malo que pudiera haber en ellos. [Risas] No sé si este superpoder existe pero, desde luego, seria el que yo querría. Volar ya vuelo en sueños.
“Me aparté del ruedo mediático, en gran parte por el ridículo al que me vi sometida en algunos espacios”. ¿Hizo un ejercicio de autocrítica?
Siempre he sido muy autocrítica conmigo misma y me considero, además, bastante objetiva. Otra cosa es la imagen que a veces se ha transmitido de mi. He podido cometer errores pero me pregunto qué chavala de catorce o dieciséis años, expuesta a la opinión publica como lo he estado yo, no hubiera cometido errores. Lo importante es aprender de ellos y curtirse. Pero sigo afirmando que, en determinados espacios de corazón, fui machacada y utilizada. Reírse de Richy era muy fácil y rentable para algunos espacios, pero con Nova el listón se puso más elevado y comenzaron a escucharme y respetarme.
Hablando de circos y ruedos, ¿cuál es la peor fiera con que le ha tocado lidiar últimamente?
¡Uf! A lo largo de mi vida me he topado con huesos duros de roer pero siento que he salido siempre airosa de todos los obstáculos. Si hay algo que no soporto es la falta de educación y la gente que, en vez de hablar o argumentar, utiliza el insulto o la violencia. Eso sí que me resulta asqueroso.
Ahora se dedica a esculpir uñas a domicilio. ¿Le cunde el negocio?
España atraviesa una crisis terrible que afecta a todos los sectores. En el caso de las personas transexuales, la situación es aún más grave por la exclusión social y laboral a la que estamos sometidas. Con mi trabajo de uñas esculpidas a domicilio tengo para vivir, afortunadamente, aunque no para lujos. Pero soy una persona que se conforma con poco y me adapto a todo tipo de etapas. Soy muy perseverante.
¿Se metió en el negocio de la manicura porque como cantante no se comía una rosca?
Comencé en el mundo del transformismo y la televisión con solo trece años. No me ha ido nada mal, pues he vivido de ello íntegramente desde entonces, durante más de quince años, incluyendo un proceso médico y quirúrgico que superó los sesenta mil euros. Sin el apoyo de los medios de comunicación no habría podido pagarlo puesto que venía de un entorno muy humilde y cuando inicié mi proceso de cambio, la transexualidad aún no estaba cubierta en la seguridad social. Cuando vi que venían las vacas flacas y que todos los programas de televisión donde colaboraba eran eliminados de la parrilla, me formé como técnico de uñas y me tiré a la piscina. Renovarse o morir.
 ¿A qué político le haría las uñas gratis?
A Mar Cambrollé, para mí, la activista que más ha hecho por los derechos de hombres y mujeres transexuales. Es un ejemplo vivo de la realidad transexual.
¿Y a quién se las clavaría en la cara?
No soy partidaria de la violencia nunca, prefiero argumentar y defenderme con la palabra. No voy a ser cínica, te reconozco que le metería un buen zarpazo a personas como Amor Romeira de Gran Hermano, por su discurso transfóbico, incluso siendo ella transexual. Ella misma afirma que la transexual que no se opera los genitales es un ‘maricón’ y no una mujer. Siempre he dicho lo mismo, que cada mujer u hombre transexual lleve su proceso de cirugías solo hasta donde él o ella quieran. Ninguna cirugía es una imposición. Cada uno decide hasta dónde y cómo quiere llevar a cabo su transición y todo es respetable.
¿En casa de herrero, cuchillo de palo?
¡Ja, ja, ja! Soy una mujer coqueta, pero no vanidosa. Me gusta cuidarme, siempre que puedo hacerlo y, evidentemente, mis manos son parte de mi carta de presentación. Me encantan las uñas largas, me parecen muy femeninas. Que conste que friego y cocino a diario [risas].
Le llamaron para presentar el Primer Orgullo Transexual en Sevilla. ¿Se le puso el ego por las nubes?
Quienes me conocen saben que soy una mujer humilde y sencilla. Sí te  puedo asegurar que cuando se pusieron en contacto conmigo desde la Asociacion de Transexuales de Andalucia para presentar el primer Orgullo Trans Europeo. A nivel personal y profesional es de las cosas de las que más orgullosa me siento. Fue maravilloso, y tanto ATA como su  presidenta, Mar Cambrollé, me hicieron sentirme como en casa.
Grabó una canción titulada Toda una mujer. ¿Sabe si se compuso pensando en Gallardón? 
El género está en el cerebro, no en la forma física de las personas. Eso es otro tema. Siempre he defendido mi lema de ‘no reduzco una mujer a una vagina, ni un hombre a un pene’. Ya es hora de que, con la información y los avances que hay, se deje de medir la ‘autenticidad’ de los géneros con protocolos de diagnóstico obsoletos y que son más propios de la edad de piedra. Dar a luz unos genitales o los colores que te gustaban de pequeña… ¡Eso no define a una mujer! Hay tantas formas de ser mujer u hombre como personas somos  en el planeta
Como mujer transexual, ¿se siente el ‘patito feo’ del colectivo LGTB?
Para nada. Fui la primera menor transexual de la que se siguió toda una auténtica transformación como mujer transexual en los medios de comunicación de España. Conseguí colar la temática de la transexualidad en espacios de máxima audiencia y hablar de mi realidad cuando nadie más lo hacía. Desde que me hice conocida he colaborado con charlas, ponencias y artículos que me han pedido desde diversas asociaciones LGTB. Si han contado conmigo es porque les gusto y me consideran un referente positivo. Siempre queda la parte más reaccionaria y carca, incluso dentro de entidades como la LGTB. Pero a ese tipo de personas no les hago el mínimo caso. Todo lo que hice y hago, lo hago desde el corazón y con total conocimiento de causa.
“Hay mucho progresismo de boquilla pero la realidad en la calle es muy dura”. ¿Se lo ha hecho saber a Pedro Sánchez?
Je, je, je. No tengo el gusto de conocerle en persona, aunque a este paso lo mismo un día coincidimos en los pasillos de Sálvame. Sé que ha sido muy criticada su intervención telefónica en este programa y, sinceramente, no entiendo el revuelo. Me parece fantástico que un político no entienda de elitismo y se atreva a hablar en un programa que reúne cada tarde a cerca de dos millones de telespectadores. Te guste o no el formato o contenido de un espacio, un político se debe al pueblo y a la opinión publica.
También me indigna que la parte más carca de algunas entidades LGTB se lleve las manos a la cabeza cuando soy propuesta para dar una charla, porque alegan que no quieren mezclar algo serio con colorín. Que se centren en las vivencias y el testimonio y no en el micrófono que se elige para transmitir un mensaje. Basta ya de tanto carca clasista.
Antes de ser Nova fue Richy Bastante. ¿Ha perdonado ya al criminal que le bautizó artísticamente? 
Mis padres me bautizaron con el nombre de Ricardo y mi apellido era Bastante. Desde que aparecí en las televisiones nacionales, en mi etapa como transformista, antes de iniciar mi transición, fueron los mismos medios del corazón los que me apodaron como Richy Bastante, y todo el mundo me conocía así. Terminé cogiéndole cariño al nombre, ya que me trajo muy buenos momentos en toda aquella época, a pesar de algunos quebraderos de cabeza. Mi nombre desde el año 2006 es Nova, y pasó a figurar en mi actual DNI en el 2008, tras la aprobación de la Ley de Identidad de Género.

Infancia, familia y (trans) sexualidad.


Cuando se produce un embarazo, la mayoría de la gente se pregunta ¿será niño o niña? Y entonces, en la ecografía del segundo trimestre, si se quiere, puede llegar una respuesta.
Sin embargo, convendría matizar que la ecografía sólo puede mostrarnos la forma de los genitales, pues el hecho de sentirse niña o niño no se ve ni siquiera en el nacimiento. Necesita algo más de tiempo para expresarse.
Hasta donde vamos conociendo, el inicio se produce en el momento en el que cada cual toma conciencia de sí mismo y desarrolla la capacidad de explicarse frente a los demás e incluso de corregirles si se equivocan. Empezar a hablar, nombrar las cosas y a las personas que nos rodean es el principio del camino.
Durante el tiempo que nos lleva comenzar a expresarnos, el resto ya ha hecho su apuesta. Atendiendo a un pronóstico estadístico que acierta en un porcentaje muy alto, quienes nos rodean nos piensan como niñas si tenemos vulva y como niños si tenemos pene con escroto cerrado.
Es decir, se asigna nuestra identidad sexuada atendiendo únicamente a nuestros genitales. Y se subraya: «Tú eres un niño porque tienes pene; tú eres una niña porque tienes vulva», confundiendo así los genitales con el sexo. Lo que se tiene con lo que se siente ser.
Quienes nos hacen conscientes de esta confusión son aquellos que se paran frente a nosotros y tratan de explicarnos lo mejor que pueden: «Soy una niña con pene» o «soy un niño con vulva».
Entonces podemos hacer dos cosas: insistir en que la vivencia subjetiva que tienen de sí mismos es errónea o reconocer que fallamos la apuesta y acompañarlos, como al resto, desde las niñas y niños que sienten ser.
Con la primera vía, no conseguiremos que cambien lo que sienten ser y sí provocaremos su malestar; con la segunda, contarán con nuestro apoyo en unos procesos de vida que no suelen resultar fáciles.
Esta última es la vía de las familias que pertenecen a Chrysallis. Sus hijos e hijas un día les dijeron algo que movió el suelo bajo sus pies. Tras el desconcierto y la sorpresa inicial, rectificaron el error en la asignación y, tiempo después, es fácil oírles hablar de la felicidad que inundó a sus hijos e hijas.
Almudena Herranz Roldán es sexóloga, directora del Centro Sexológico Sexorum, docente en el Instituto Incisex y asesora técnica de la Asociación de Familias de Menores Transexuales Chrysallis.
Publicado en la versión impresa de El Mundo 26/10/2014

domingo, 26 de octubre de 2014

Niños contra la tiranía genital

La profesora de 2º de Infantil estaba explicando a la clase que las personas se dividen en dos sexos, masculino y femenino, cuandoGuille levantó el dedo y lanzó una pregunta para la Historia:
- Seño, ¿y dónde está el otro?
La mujer fue presa de sus propias cejas sorprendidas, se recuperó con una sonrisa que iba a ser condescendiente y, cuando estaba a punto de responder al pequeñajo desde el orden aprendido, se acordó de que Guille, con sus cuatro añitos sin intoxicar, tiene una hermana transexual.
No hay cuerpos erróneos. Los genitales son una cosa y el sexo sentido otra, niñas con pene y niños con vulva intentando explicarle al mundo que la Naturaleza no se confunde, que igual el error lo ponemos nosotros cuando les vemos por fuera sin oírles por dentro. Y unas leyes que no les cambian el nombre ni el sexo que les escribimos al nacer, que no les dejan hormonarse si quieren, que les patologizan la vida que sienten y que deciden por ellos qué ser.
Hay un aire doble en este camping de la provincia de Madrid donde 36 familias con hijos transexuales desde los dos años de edad hasta los 17 vivieron el fin de semana pasado dos días de tolerancia y resurrección ante los ojos de EL MUNDO. El oxígeno de los juegos, las comidas, el fútbol, la piscina y el bosque traen aroma de fiesta y escondite, pero del bueno, del de contar hasta 20. Pero el viento de las mesas redondas y los talleres huele a protesta y a lágrimas tristes de antes y felices de ahora.
«A mi hija, que nació como niño y siempre se ponía en la fila de las niñas o se apuntaba a papeles de niña en el teatro del cole, le daban collejas, capones, tortazos, le apretaban el cuello y la insultaban. Era el maricón de la clase, ya sabes. Pero desde hace un año, cuando hicimos el tránsito y todos lo entendieron, es una cría feliz. El primer día que se vistió de niña íbamos de la mano hacia el colegio y me dijo: 'Mamá, me mira todo el mundo'. Y yo le contesté. 'Claro, hija, porque eres preciosa'».
A Michele y a Francis se les cae la emoción por las mejillas cuando se acuerdan. Les habían dicho que su caso era único y resulta que no, que hay miles de críos y de crías en este país creciendo en un sexo distinto al de sus genitales pero igual al de sus sentimientos, «sabiendo que no están en cuerpos equivocados, orgullosos de lo peculiares que son», como dice la sexóloga Almudena Herranz.
Y, sin embargo, ahí los tienen, pasando examen en las Unidades de Trastorno de Identidad de Género. «El trastorno lo tiene el tipo que piensa que la Naturaleza tiene un trastorno», dice entre las risas de las familias el catedrático de Filosofía y profesor de Antropología en la UNED Juan Gavilán.
Acaba de sentarse Juan ante un puñado de madres y padres recién aprendidos, gente que ha sufrido el sufrimiento de sus hijos y que ahora ya lo comprende todo. «No hay un curso normal de la diferenciación sexual; un niño de dos años puede entender más de dos sexos. Vuestros hijos no viven en cuerpos equivocados. Yo he oído a mujeres adultas decir: 'Yo soy una mujer con pene y soy feliz'. El pene de una mujer transexual no es el pene de un hombre, sino el de una mujer. Las nuevas generaciones de transexuales van a cambiar la Historia, no caerán en la disforia de género y en el sufrimiento, no les pasará como a esos chavales a los que han echado de sus casas y están viviendo en la calle».
Pero el futuro queda muy lejos cuando tienes cuatro años. Como la hija de Malena, que lleva dos renegando de su pene. «Ya se ha hecho cortes tres veces. Llora mucho, nos dice que ella es una niña, que no quiere tener eso que le cuelga y nos pregunta que cuándo se le va a caer. Últimamente se lo mete hacia adentro y se hace daño».
Malena lo cuenta en un corrillo empañando sus gafas. Alguien le coge las manos y aprieta. Malena anda con pena de ver a su niña vista como niño por sus amigos, su barrio, su colegio. Y sus papeles.
Porque aquí, en este aquelarre de abrazos, experiencias y esperanza que ha organizado la Asociación de Familias de Menores Transexuales Chrysallis, la ley está saliendo mal parada. «Las personas tienen derecho a vivir la infancia con arreglo a su identidad sexual y no tienen por qué exponer su situación ante nadie. Pero el Estado decide qué se hace con el niño. O sea, una injerencia. No le permite el cambio de nombre, ni de género, ni la hormonación. No le permite nada porque es un menor. No hay una ley integral que permita rectificar el error registral cuando nació o que acoja su derecho a recibir tratamiento hormonal antes de que empiece su desarrollo. En el Derecho no está prevista la existencia de menores transexuales». Habla Javier Maldonado, experto en Derecho y miembro de la directiva de Chrysallis. Y hay aplausos como de empatía. «La ley de 2007 sólo cambia el género a los adultos si se les ha diagnosticado disforia y han seguido un tratamiento de dos años. Es una ofensa a los menores, porque les excluye. Es una ignominia», continúa Javier entre cabezas que asienten.
Les hablan de 'trastorno', les ven médicos de adultos, les impiden cambiar de género y les niegan las hormonas
Por eso Chrysallis va a pedir que el Gobierno incluya una disposición en la futura Ley de Protección de la Infancia que reconozca específicamente el derecho de los menores transexuales a desarrollarse conforme a su identidad sexual, un pellizco dado ya por el Consejo Económico y Social, que ha sugerido que la ley incluya el concepto de identidad sexual al desarrollar qué debe entenderse por interés superior del menor.
Interés superior del menor... Debe ser que en España a los niños transexuales no los atiendan los pediatras, sino los endocrinólogos y los psiquiatras de adultos, como denuncia Natalia Aventin, presidenta de Chrsyallis, o que los padres tengan que oír a un sociólogo decirle a María, de 7 años: «Tú tienes un problema, diga lo que diga tu madre».
Interés superior del menor es hoy el partido que están echando los chicos y algunas chicas, fútbol sin género con todos los géneros. Y la piscina, donde los chavales hablan en pandilla y los más pequeños juegan a aguantar bajo el agua. O sea, como fuera.
Aquí nadie se diferencia. Hay hermanos trans y hermanos no trans, amigos nuevos venidos de media España que no se preguntan cómo nacieron, sino a qué van a jugar antes de la cena. Aquí, en la vida sentida, la transexualidad ni siquiera es un sustantivo. Es como si no existiera.
Los tres mayores del grupo, dos chicos y una chica con 17 años nuevos, han decidido contar cómo es la vida con los bloqueadores hormonales, eso que el pediatra endocrinólogo Julio Guerrero ha explicado a los padres ilusionados: «Evitan los caracteres sexuales no deseados y estimulan los deseados».
Los adolescentes hablan a los padres y a otros niños. Nosotros les regalamos la intimidad. Y al salir, los chicos parecen por fuera lo que son por dentro y se pasan el domingo acicalados por la alegría, esa ropa de estreno que se pusieron hace un año y que ya no soltarán jamás.
Como la hermana de Guille...

miércoles, 22 de octubre de 2014

La causa trans y el impulso desde Andalucía emocionan en la Fiesta del PCE

La cuestión trans y el impulso desde Andalucía a la causa de la igualdad para un colectivo largamente discriminado se dieron cita en al Fiesta del PCE en esta edición. Un acto en formato de mesa redonda que cumplió todas las expectativas de quienes se acercaron para conocer los vanguardistas avances que plantea la recién aprobada Ley de transexualidad andaluza, pionera en todo el Estado en el reto de garantizar los derechos de las personas transexuales.

Con una breve presentación de la mano de la diputada de IU en el Parlamento andaluz que ha llevado la ponencia de esta Ley, Alba Doblas, desgranó el proceso seguido para lograr la aprobación de la norma en la Cámara y donde puso de manifiesto la complejidad de una negociación de este calado. Y es que no es una cuestión baladí. En otras Comunidades Autónomas, donde el colectivo trans no ha llevado la voz cantante en la elaboración del proyecto de Ley, el fracaso ha sido enorme. Fracaso para el colectivo porque, tal y como denuncian, para el PSOE se ha conseguido el objetivo en muchas comunidades: han sido iniciativas que buscaban más la negativa del PP que garantizar la puesta en marcha de leyes similares.

De esta cuestión sabe bastante la carismática líder de ATA (Asociación de Transexuales de Andalucía), Mar Cambrollé. Se ha visto en muchas situaciones de este tipo, en las que el Partido Socialista ha forzado textos y votaciones al margen del colectivo trans, situación que ha visto en multitud de ocasiones a lo largo de su dilatada trayectoria activista. Camborllé emocionó. El relato de los logros de la Ley se sucedieron de aplausos de aprobación y reconocimiento a su carrera, a la vez que despertaba el interés de la asistencia por cuestiones claves como la libre determinación del género, la protección de los y las menores, las cuestiones sanitarias y educativas o el esperado desarrollo reglamentario.

Por su parte Mireia Biasco, co-coordinadora federal de ALEAS, destacó el proceso participativo y el necesario impulso de ALEAS como área de elaboración colectiva y punto de encuentro de militantes y activistas LGTB. Un trabajo a partir de los textos de los colectivos ATA y Conjuntos Difusos, razón por la que Cambrollé calificó la Ley como “nacida desde el colectivo trans y no desde ningún despacho, con la alianza de IU y ALEAS”.

Por su parte Shangay Lily, quien volvió a realizar una feroz crítica al proceso por el que el capital y el mercado se adueñan de la identidad “gay” y que ella misma define como “Gaypitalismo”, un imaginativo término que esta “activista” utiliza para explicar la manipulación feroz y consumista del capitalismo sobre el colectivo LGTBI. Shangay defendió y puso en valor un “modus operando” seguido por el grupo parlamentario de IU en Andalucía, con el que, a su juicio, se pone en evidencia que ha sido con la entrada de IU al Gobierno de la Junta de Andalucía cuando se ha hecho posible una ley largamente esperada.

fuente: http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=4261