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sábado, 18 de julio de 2015

La Patologización de la Transexualidad tiene los días contados

Mar Cambrollé, presidenta de ATA-Sylvia Rivera





El anuncio de que los grupos políticos de la Cámara de Madrid, Psoe, Podemos y Ciudadanos hayan hecho público trabajar para sacar adelante una Ley Integral de Transexualidad para la Comunidad de Madrid, recogiendo las propuestas de los colectivos, me llena de alegría y satisfacción.

Ahora es el momento político adecuado para que esta Ley sea soberana y por consenso, ya que hasta el partido popular, quien la tumbó en dos ocasiones, parece según declaraciones de Cristina Cifuentes, estar por la labor.

Aprobada la Ley Trans de Andalucía en 2014, fue y e s pionera en España y en Europa en el momento de su aprobación, por ser la primera Ley que despatologizaba la transexualidad y por reconocer como derecho humano, la libre autodeterminación del género.  Por primera vez una ley, venía a saldar una deuda histórica con las personas transexuales, dejábamos de “ser objetos de la medicina”, para ser “sujetos de pleno derecho”. 

Al mismo tiempo, Andalucía cumplía con las directivas, recomendaciones y resoluciones, del Alto Comisionado para las Naciones Unidas, del Comisario para los Derechos Humanos del Consejo de Europa, El Parlamento Europeo (febrero 2014), Consejo de Europa (resolución aprobada por la asamblea el 22 de abril de 2015).

La línea de legislaciones avanzadas, la marcaba Argentina en marzo de 2012, posteriormente en 2014, Andalucía y en 2015,  Malta, Irlanda, Noruega, Colombia, se han convertido en referentes mundiales, nos han señalado la hoja de ruta a seguir para poner fin a la discriminación de las personas trans. La libre autodeterminación del género, se hace imprescindible para la equiparación en derechos con el resto de la ciudadanía y como herramienta para “desterrar” un modelo de atención sanitaria que ha sido la excusa para la segregación, estigmatización, patologización  y la vulneración de derechos humanos, como el honor, la intimidad, la propia imagen y sobre todo uno de los más importantes, la dignidad.

Por ello, desde mi experiencia en la tramitación de la Ley Trans andaluza, les sugiero algunos aspectos que pueden ser mejorados: La introducción de medidas sancionadoras por incumplimiento de la ley y calendarizar el desarrollo de protocolos, procedimientos y reglamentos que permitan la efectividad de la misma.

Lo importante no es ser pioneros, es sumarse desde todas las CC.AA. hasta llegar a una Ley Trans Estatal, que por un lado, de respuestas a las demandas históricas del colectivo trans y por otro, se adecue a la nueva realidad social, donde menores y adolescentes trans, viven y se socializan en el sexo y género sentido y no el asignado por otros en el momento del nacimiento.

Por último, recordar la gran responsabilidad de los grupos políticos por alcanzar un consenso en la tramitación y aprobación de la Ley,  para que las personas trans tengan los mismos derechos que el resto de la ciudadanía. No son leyes que vengan a ampliar derechos, ni conceder privilegios, solo busca que la igualdad no sea un privilegio para algunos, si no una garantía para totas y todos.

La participación activa de las personas trans y entidades que la representan, han de ser una prioridad, un garante que verdaderamente estamos en otro momento, en el de reconocer como sujetos de pleno derecho a las personas trans. Así mismo lo recomienda la resolución del Consejo de Europa del pasado 22 de abril, que dice:  “A consultar a las personas transexuales y sus asociaciones e implicarlas en la elaboración y puesta en marcha de políticas y disposiciones jurídicas que les conciernen”.

Esperemos que grupos políticos y entidades trans, empiecen a trabajar desde ya, para que esta Ley sea registrada antes de la elecciones generales  de noviembre, si no pudiera parecer “propaganda” electoral.
Mar Cambrollé.