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domingo, 22 de abril de 2018

Vander Clyde


Vander Clyde nació en Texas el 19 de diciembre de 1899, a las puertas de un nuevo siglo.
De pequeño ya demostraba sus habilidades cirquenses al practicar el funambulismo sobre la cuerda de tender de su madre. Siendo apenas un adolescente se marchó de casa para abrirse carrera como acróbata de circo, y durante varios años formó pareja con una artista del trapecio. Cuando ésta falleció, Vander Clyde asumió el papel de una hipotética hermana gemela y realizó su número vestido como una mujer.
Así nació 'Barbette'.
Una muchacha con pequeños tirabuzones que caían junto a una mirada atrevida e inquietante.
Fue tal el éxito de sus transgresores números que en el año 1923 inició una gira por Europa, debutando en pistas de circo y escenarios tan famosos como el del Moulin Rouge o el Folies Bergère en París. La aristocracia y la élite cultural de principios de siglo se sintieron cautivados con la interpretación de este joven que compaginaba el transformismo con el circo.
En julio de 1926 el poeta Jean Cocteau publicó en la 'Nouvelle Revue Française' un breve ensayo titulado 'Le numéro Barbette', un documento de primera mano acerca del espectáculo de este particular trapecista, y que narraba:
"El éxito de Barbette proviene de su habilidad para invocar el instinto de varias salas en una y el público emite su voto favorable por razones opuestas. Porque complace a aquellos que ven en él a la mujer, a aquellos que ven en él al hombre, y a aquellos otros cuya alma se conmueve ante el sexo sobrenatural de la belleza."
Según Cocteau, Barbette iluminó las posibilidades de pensar el género, el sexo y la sexualidad fuera de los binarios convencionales a través de la innovación estética y teatral. Su carrera como trapecista, funambulista y acróbata se extendería durante décadas.
Enigmática y misteriosa en sus actuaciones, también lo fue al morir. El 5 de agosto de 1973 la luz de Barbette se apagó después de tragar un bote de calmantes. Esta trapecista del circo y del género se despidió para siempre con el recuerdo de los focos, el brillo de las lentejuelas y el sonido de los aplausos.


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