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jueves, 19 de enero de 2017

Las TERF o el feminismo transexcluyente y transfóbico.



EL FEMINISMO RADICAL NO TIENE NADA QUE VER CON EL FEMINISMO TRANSEXCLUYENTE.


Las feministas radicales transexcluyentes (TransExclusionary Radical Feminists, de ahí el acrónimo TERF) pretenden excluir a las personas trans del acceso igualitario a vivienda, empleo, educación,  residencia y protección de ámbito local, nacional y de las Naciones Unidas, lo que significa perpetuar un mundo donde las personas cis ostenten privilegio a través de la exclusión de personas trans de la vida social en igualdad de condiciones.
Cómo es el feminismo Transexcluyente:
Hay ahora mismo una cosa que me confunde, y es que cuando presencio un debate legislativo en la Cámara de los Lores, suelo coincidir en su mayor parte con las posiciones de extrema derecha. Particularmente, con la persona con la que más estoy de acuerdo en esto, aunque no creo que le haga mucha gracia darse cuenta de ello, es Norman Tebbit… Tebbitt también habla de la salvaje mutilación del transgenerismoDe ocurrir en  culturas ajenas a las de las Islas Británicas, diríamos que se trata de una práctica cultural totalmente nociva, y que cómo es que no nos damos cuenta de ello aquí, en nuestra propia casa.
– Sheila Jeffreys, doctora, académica y autora TERF, durante un discurso en la Conferencia en homenaje a Andrea Dworkin en el Centro de Estudios de Justicia de la Universidad de Oxford.
Hoy en día, estamos invadidas por el conocido como fenómeno Frankenstein, no solo en forma de mito religioso, sino como su prole, la tecnología falocrática. El insano deseo por el poder y la locura por la transgresión de fronteras son la seña de los necrófilos, aquellos que sienten carencia de su alma, espíritu y amor por su propia existencia y de esta manera tratan de quebrantar y asesinar toda su espiritualidad, sustituyéndose por cachos de cadáver. Esta invasión o supresión necrófila tiene múltiples formas, una de ellas es la transexualidad.
– Mary Daly, doctora, académica y autora TERF en su libro Gyn/ecology: The Metaethics of Radical Feminism (Gin/ecología: la metaética del feminismo radical), pp. 70-71
NOTA: siguiendo la misma línea que esos grupos que se autodenominan cristianos, como WBC, la Iglesia Baptista de Westboro (Texas), las TERF siempre intentan extender su transfobia haciéndola pasar por feminismo.
Cómo es el feminismo:
No confundáis mis palabras: creo que las personas transgénero, incluyendo a aquellas que han efectuado su transición, están viviendo unas vidas reales y auténticas. Debemos admirar esas vidas, no ponerlas bajo lupa. Sus decisiones médicas deben pertenecer única y exclusivamente a ellas. Lo que escribí hace décadas no es reflejo de lo que hoy conocemos, ya que paulatinamente abandonamos las categorías binarias de «masculino» y «femenino» y comenzamos a vivir a lo largo del amplio espectro humano de identidad y expresión.
– Gloria Steinem, activista e icono feminista.
La transfobia dentro del movimiento feminista no es un fenómeno nuevo y sigue promoviéndose por parte de feministas radicales como Sheila Jeffreys, Germaine Greer y Julie Bindel, que tachan de patológico el transgenerismo mediante múltiples argumentos. Lo describen de diferentes maneras: desde una práctica sexual muy bizarra a una enfermedad mental, equiparándolo con el trastorno dismórfico corporal. En algunas ocasiones, critican con tintes paternalistas, como cuando argumentan que las personas transgénero son víctimas de explotación por parte de la industria médica, que pretende exprimirles para sacarles el dinero mediante intervenciones quirúrgicas y hormonales. El libro Transexual Empire, The Making of the She-Male (Imperio Transexual: la elaboración del travelo), de Janice Raymond, publicado en 1994, describe a las personas transexuales como una invención médica creada con el único objetivo del obtener beneficio económico. Otra crítica es la que afirma que las personas transgénero refuerzan los roles de género y de expresión. Por ejemplo, Germaine Greer se refirió una vez a una mujer trans como «una parodia abominable de una mujer» con «demasiada sombra de ojos». Algunas veces, los ataques a las personas transgénero alcanzan niveles conspirativos; hay quien las considera un fenómeno creado por [cis]hombres para conseguir colarse en espacios no mixtos. Las feministas radicales Lierre Keith y Derrick Jensen han incorporado la transfobia al movimiento ecológico anticivilización del grupo Deep Green Resistance, (DGR), un grupo que insistió a Julie Labrouste, de Radical Women, para que se incorporara al movimiento hasta que mencionó que era una mujer trans, tras lo cual fue expulsada.
– Radical Women: organización feminista de segunda ola, inaugurada en 1967
NOTA: de la misma manera que los grupos en contra de los derechos de los homosexuales, las TERF, en muchas ocasiones, afirman que todo lo que hacen es por amor a su comunidad, no por odio a las personas trans.

Posición TERF en acceso a cuidados médicos de personas trans.
En los años ochenta, las TERF tuvieron éxito en poner fin al acceso a cuidados médicos de personas trans. Una funcionaria TERF escribió un informe al mismo gobierno que llevó a la revocación del acceso a cuidados médicos de personas trans financiados por programas gubernamentales. Poco más tarde, las aseguradoras privadas hicieron lo mismo.

Posición TERF en igualdad trans.
Hace décadas, unas TERF solicitaron al Gobierno de los Estados Unidos que legislara en contra de la personalidad física de las personas trans y aun siguen oponiéndose a las medidas de igualdad para gente trans, llegando hasta tal punto de haber solicitado a las Naciones Unidas que eliminaran la protección a personas trans de todo el planeta.

Posición TERF en acceso de las personas trans a los servicios vestuarios públicos.
De manera muy parecida a la de sus homólogas de extrema derecha, las TERF no apoyan el acceso de las personas trans a los servicios públicos y vestuarios; de hecho, en 1973, fue la comunidad TERF fue la primera que usó esto como arma política.

Posición TERF en autodeterminación de género.
De manera muy parecida a la de sus homólogas extremistas, las TERF, por lo general, no reconocen el estatus de las personas trans una vez estas han efectuado su transición e insisten, por el contrario, en que las personas trans continúan perteneciendo al género que se les asignó al nacer.
Un movimiento mezquino.
El objetivo no cambia: la exclusión de las personas trans; ya sea desde que en 1973 se instrumentalizara como arma política la necesidad de las personas trans para el uso de servicios o vestuarios públicos o desde que en 2011 se solicitara a la Organización de Naciones Unidas la revocación de la protección a las personas trans de la comunidad trans mundial.
El movimiento TERF, mediante su insistencia en atacar el acceso a cuidados médicos de personas trans y presionar al gobierno de los Estados Unidos para establecer un programa de terapia rehabilitadora forzosa para personas trans, es el responsable de infligir el mayor sufrimiento a la comunidad trans, mucho más que cualquier otro movimiento semejante en la historia de los Estados Unidos, aunque históricamente se le haya considerado ridículo e irrelevante.El movimiento TERF es particularmente eficaz en sus campañas contra personas trans y contra la igualdad trans ya que revisten todas sus acciones de un halo de crítica de género político/feminista/lésbico/radical/promujeres y, de tal manera, son bienvenidas en espacios que rechazarían el mismo tipo de retórica de organizaciones reaccionarias. Las TERF suelen disfrutar de aceptación en ambientes progresistas, como el mundo académico u organizaciones de izquierdas.
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