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miércoles, 18 de marzo de 2015

LA INFANCIA TRANSEXUAL. UNA REALIDAD SILENCIADA.


Texto de María José Cubría, Vicepresidenta de Chrysallis Aragón.
Con este texto no pretendo presentar un estudio científico[i] sino más bien dar voz, de una forma divulgativa, avalándome en la experiencia que me da pertenecer de forma activa a Chrysallis (Asociación de Familias de Menores Transexuales), a una realidad durante tanto tiempo  silenciada: la infancia transexual.
A lo largo de los siglos los humanos hemos estado haciendo lo mismo en el momento del parto: mirar los genitales del bebé y en función de ellos, adjudicarle un sexo. Si hay pene y testículos es un varón; si hay vagina y vulva es una hembra. Así de fácil. Aunque algunas veces estos genitales no están tan claros (casos de intersexualidad), no por ello se ha cuestionado nunca que la clasificación hombre/ mujer en base a los genitales pudiera ser errónea; se prefería ver la anormalidad en las personas intersexuales.
Gracias a los estudios realizados sobre personas intersexuales, se sabe hoy en día que la transexualidad es un fenómeno biológico[ii] y que el sexo, además de en las gónadas, los genitales y los cromosomas, también está en el cerebro[iii] y no en sentido figurado, sino en el literal; el cerebro es un órgano sexuado y su valor se impone al de  todos los demás órganos. Es decir, si tu cerebro es masculino, eres hombre. Un hombre con vagina sí, pero tan hombre como todos los demás; y lo mismo ocurre, obviamente, con las mujeres, mujeres con pene, mujeres transexuales. Una vez que aceptamos esto, parece insensato seguir afirmando que los hombres son aquellos que tienen pene y mujeres las que tienen vagina siendo que hay un porcentaje de personas nada desdeñable que no cumplen este supuesto.
Debe de haber múltiples causas que no entro a analizar del porqué de una clasificación tan rígida y tan poco científica ya que, obviamente, no contempla toda la realidad. El caso es que al establecerse esta clasificación, históricamente una parte de la humanidad se ha visto relegada a “ninguna parte” y, a la vez, silenciada e invisibilizada.
Aunque las personas transexuales coinciden en tener recuerdos desde la primera infancia sobre su sensación de no pertenecer al sexo asignado al nacer, también es cierto que así mismo son conscientes de que por uno o varios motivos, jamás se atrevieron a verbalizar este sentir. Es decir, el silencio de la infancia trans abarcaba todos los eslabones de la sociedad hasta llegar al propio niño que percibía de tal manera el tabú,  que de ninguna manera sentía el derecho a mostrarse públicamente como era y sentía y sí percibía, por encima de todo, que el equivocado era él y que debía ajustarse a lo que la sociedad le había deparado. Para ello no le quedaba más remedio que vivir una vida de mentira, continuamente interpretada bajo el disfraz que coincidiera con el sexo adjudicado al nacer.
Sin embargo, y por fin, desde hace unos años, pocos, algunos más en Holanda donde tenemos noticia de los primeros niños y niñas trans  (sabemos que desde hace 10 años se les está tratando  con los bloqueadores prepuberales[iv]); o en USA, sobre todo en Boston, donde (en el Children’s Hospital  atienden a la infancia transexual en una unidad compuesta por un equipo interdisciplinar de endocrino, urólogo, ginecólogo, trabajador social y psicólogo), la infancia trans está empezando a dejarse oír y también ver.
Sería muy interesante analizar las causas de porqué la infancia empieza a verbalizar contundentemente su verdadera  identidad y las familias empiezan a escuchar y en un siguiente paso, a visibilizar. Así nos encontramos con una situación no contemplada hasta este siglo XXI, la infancia transexual existe. La mayoría de las familias, todavía hoy, no escuchan a sus hijos e hijas y los silencian y obligan a vivir según el sexo que se les asignó al nacer por desconocimiento, prejuicios, creencias religiosas, miedo al rechazo social… Pero hay una serie de familias o al menos uno de los dos progenitores, que sí escucha y empatiza con el niño y conscientemente decide apoyar y respetar al niño; esto es un cambio radical respecto a lo que había venido ocurriendo hasta ahora.
Sin embargo, esto no ocurre de forma inmediata, muchos niños y niñas trans empiezan a manifestar su identidad  hacia los dos años y desde ese momento hasta que los padres aceptan y asumen que tienen una niña y no un niño, como pensaron en el momento del nacimiento y viceversa, transcurren meses e incluso años. Un tiempo lleno de incertidumbres, miedos, confusión y, sobre todo, de desinformación. Lo niños durante estos meses se sienten incomprendidos, culpables, avergonzados, rechazados… y por ello su comportamiento es llamativo en algún aspecto.
Algunas familias relacionan los comportamientos disruptivos o excesivamente sumisos de sus hijos, la enuresis, el nerviosismo, la ansiedad, la tristeza, el afán de protagonismo, la exageración en los gestos  y comportamientos,  los ataques de ira, la difícil socialización, trastornos alimentarios… con un síntoma más de que no se está respetando su  verdadera  identidad sexual, otros, no. Y entonces empieza, algunas veces, el peregrinaje por psicólogos, pediatras y psiquiatras para identificar la causa del, aparentemente injustificado, comportamiento del niño. Lo terrible es que muchos niños y niñas salen diagnosticados (yo conozco casos de todos ellos) de estas visitas a los profesionales como hiperactivos, TDAs, psicóticos, asperger… cuando, en realidad, sólo son niños y niñas transexuales y, en el momento en el que comienzan a vivir según su sexo sentido con el  apoyo y comprensión de su entorno, empiezan a desaparecer todos los síntomas hasta el punto de que un niño trans que hace un tránsito temprano y se siente arropado por su entorno es tan feliz y lleva a cabo una vida tan exitosa como cualquier otro niño.
Vosotros y vosotras, futuros pediatras, endocrinos y psiquiatras tenéis la posibilidad de entender y atender a la infancia trans siendo conscientes de que es la sociedad la que está enferma de intolerancia y transfobia y que estos niños y niñas solo necesitan poder vivir libremente su identidad y poder recibir en los comienzos de la pubertad los inhibidores y, a continuación, la hormonación cruzada, si así lo desean, que les permita que la sociedad los perciba como los chicos o chicas que son según el órgano más potente que tiene el ser humano, el cerebro.
A continuación os dejo algunos recursos imprescindibles hoy en día para conocer de cerca la realidad de la infancia trans:
Documentales (de 2014)
EL SEXO SENTIDO. DOCUMENTOS TV
HTTP://CHRYSALLIS.ORG.ES/EL-SEXO-SENTIDO/ [1]
SE QUIEN SOY. CANAL SUR HTTP://CHRYSALLIS.ORG.ES/SE-QUIEN-SOY/ [2]
EN EL NOMBRE DE EMMA. EL MUNDO  HTTP://CHRYSALLIS.ORG.ES/EN-EL-NOMBRE-DE-EMMA/ [3]
Corto: Huellas. http://chrysallis.org.es/huellas/ [4] Al final de la entrada está el enlace al corto y la contraseña.
Fuente: Chrysallis