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miércoles, 9 de marzo de 2016

El video viral que muestra los micromachismos que se repiten y no se cuestionan

Esos pequeños gestos de cada día hacen que querramos bombardear al patriarcado como si fueramos el Isis. Están tan naturalizados y cotidianos para la sociedad que nos cuesta verlos claramente como una situación injusta. La cultura los viene sosteniendo a repetición sin cuestionarlos. "¿Te ayudo a lavar los platos?" es una frase que asume que la tarea le corresponde intrínsecamente a la mujer de la casa y que el hombre "da una mano" porque es gauchito. Hay más.




















Cuando una mujer entra a un salón, la primera evaluación sobre ella es: si se la ve linda o fea. En la calle y a cada paso abundan las opiniones sobre el cuerpo femenino enunciadas por varones ansiosos de expresarse (sin que nadie se los haya pedido). El silencio parece ser la mejor opción frente a semejantes atropellos, pero, ¿es la mejor? Nota mental: no, las veces que respondí a viva voz como Violencia Rivas los "piropos" callejeros sentí más alivio que durante la experiencia de la meditación zen de Indra Devi.
Cuando una chica dice NO en un bar, se tiene que aguantar una seguidilla de minutos de aburridísima insistencia hasta que de nuevo: te dije que no. Cuando una mujer da una opinión política en una mesa de bar pareciera que las justificaciones tienen que ser variadas, analíticas, estadísticas para que se la considere como válida (se presupone que como somos más hormonales damos opiniones subjetivas siempre basadas en pasión y poco raciocinio).¿Alguna vez sentiste que tenías que justificar hasta el cansancio tus palabras y que tu hermano largaba una frase cualquiera y todos la daban por válida?
Si el mozo trae dos platos de la misma variedad de comida y uno está más lleno que el otro, el de menos comida simpre va para la mujer de la mesa: se asume que comemos menos porque queremos desaparecer de la faz de la tierra. El el subte los hombres van con las piernas abiertas ocupando hasta dos o tres espacios hasta que una los tiene que correr a los empujones.
A las nenas se las reta más que a los varones cuando se ensucian. A las nenas se les pone ropa más incómda porque se presupone que no tendrán tantas ganas de saltar, correr, gritar, trepar o patear. A las nenas se les regalan carritos de supermercado y se les exige hacer la cama mientras que el micro hombrecito de la casa (que tampoco tiene suficientemente crecido su pene, pero no importa) tiene su habitación echa un despelote pero todo bien. 

Pero si no te convencí, mirá este video que editó eldiario.es: