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viernes, 11 de marzo de 2016

Transgénero, lo que viene


La Organización Mundial de la Salud alista la reparación de un error histórico frente a la población transgénero y transexual: va a eliminar su categorización como patología clínica. La medida, además de hacer justicia por los daños que ha ocasionado este lineamiento médico, también modifica la lectura binaria de sexos.

Geoffrey Reed, Oficial Superior del Proyecto de Revisión de la Clasificación de los Trastornos Mentales y del Comportamiento, lleva años reuniendo evidencias para modificar el Catálogo Internacional de Enfermedades (CIE) de la propia OMS y sacar de ahí el insulto clínico que lastima la integridad de las personas transgénero y transexuales a quienes el capítulo F, en el apartado 64, define como trastornadas.

En este proceso participa un grupo de psiquiatras mexicanos quienes aportaron la primera evidencia científica que permite disociar a las personas transgénero del trastorno de identidad y sustituirlo por “discordancia de género”. Los expertos mexicanos realizaron una intervención con 250 personas transgénero atendidas en la Clínica Especializada Condesa de la Ciudad de México, cuyas historias de vida prueban que el deterioro funcional presente en muchas personas trans no puede servir de criterio para identificar la discordancia de género, porque el malestar psicológico y deterioro funcional que enfrentan es consecuencia del entorno cultural que las rechaza, con frecuencia de manera violenta.

Aunque se esperan resultados del mismo ejercicio en otros cuatro países para fortalecer las conclusiones del equipo mexicano, es necesario que la OMS responda la siguiente pregunta ¿cuál fue la evidencia científica que los redactores de la CIE-10 tuvieron en su momento para calificar de manera tan aberrante a quienes se reconocen diferentes?

Difícil saber si habrá respuesta, pero de momento sabemos lo que dijo el doctor Allen Frances en el sentido de que el capítulo F64 de la CIE-10 está basada en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM por sus siglas en ingles) de la influyente Asociación Estadounidense de Psiquiatría, en cuyas versiones III y IV él mismo participó.

No es posible profundizar en este reducido espacio qué tanto la DSM ha influido en la CIE; sin embargo, cuando la OMS elimine la concepción de la transexualidad como enfermedad, el DSM tendrá que hacer lo mismo. Hace poco más de 15 años, la OMS eliminó del listado de trastornos mentales la homosexualidad, con lo cual fortaleció el basamento de derechos humanos y sobre todo el cimiento para modificar las pautas culturales del amor y del erotismo entre personas del mismo sexo.

¿Qué pasará cuando la CIE-11 se edite sin contemplar a las personas transgénero y transexuales como enfermas mentales? Sin duda dará fortaleza a la lucha que dicha población sostiene para insertarse en la vida cotidiana pero igualmente contribuirá a derrumbar el dogma que durante siglos nos ha definido como una especie dividida biológicamente entre hombres y mujeres.

Un dogma de basamento heteronormativo que, sin embargo, no ha podido contener la expresión transgénero cuya solo existencia conceptual marca el ritmo de la sexualidad. De acuerdo a una fórmula de cálculo aplicada en otros países puede establecerse, con sus asegunes, que en  México habría al menos 600 mil personas transgénero.

En su tiempo y frente a los regímenes totalitarios, Albert Camus cuestionó a las ideologías que intentan aprobarse a sí mismas. “El futuro histórico no justifica ningún dogmatismo”, dijo el libre pensador francés al desestimar que aquello que aún no se ha escrito quede definido de antemano o limitado. Por ello carece de sentido advertir qué sucederá cuando nuestra especie se reconozca todavía más diversa ante la inmovilidad del conservadurismo. No se puede huir de la historia –dijo Camus- ni mucho menos suponer que ya está escrita. Con esta medida la OMS repara un error pero la transfobia está lejos de desaparecer por decreto.

El binarismo sexual no solo ha sido una construcción dogmatizada sino incluso una “verdad” sustentada con información científica. Despatologizar a las personas transgénero y transexuales abre el camino, sin duda, pero hay que recorrerlo.