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martes, 10 de febrero de 2015

Lana Wachowski, "La invisibilidad es inseparable de la visibilidad."


Nada como las inspiradoras palabras de Lana Wachowski nuestra torta o bollo trans favorita por su creatividad, no olvidamos que es la responsable junto a su hermano Andy de maravillas del cine filosófico de ciencia ficción como "The Matrix" o "V de Vendetta" sin olvidar el clasicazo del cine lésbico "Lazos Ardientes" ("Bound")
Lana cuenta que llegó a imaginar el conocimiento como objetos, escaleras que comunican mundos entre sí, en esos momentos cuando de joven debía soportar el aislamiento que significaba no poder expresar quién era ella realmente, deseando encajar, ser escritora, cineasta, sin saber de otras como ella.
Así que en un emotivo discurso compartido en 2012 pero siempre vigente en el que rápidamente uno se sintoniza con la afabilidad y simpatía de su persona al contar su historia, Lana se propone servir de modelo a otras personas jóvenes trans que seguramente se sentirán confortadas al escuchar que no han estado ni están solas en sus sentimientos y en sus sueños.
Si deseas ver el video con los subtítulos en español este es el enlace,

A continuación hemos transcrito los subtítulos a manera de texto corrido, que lo disfruten como lo hemos hecho nosotras que no hemos podido dejar de verlo unas dos o tres veces! : )
Voy a hacer una secuela para esta pequeña presentación, creo. No tuve el Final Cut sobre ella [aplicación de edición de cine.]
Oh, callaos.
Tampoco he terminado mis deberes a tiempo, los hice en el último momento, así que no voy a tener la cara dura de fingir que en realidad no estoy leyendo esto, sabréis que lo estoy leyendo.
No he dado un discurso jamás. Vale, vale, lo pillo. Sois muy halagüeños, os quiero.
Así que estoy con mi peluquero… Él es gay, imagínate. Y él me preguntaba sobre este evento y le digo, - "Sí, la HRC quiere darme un premio." -"Oh, ¿de verdad?" me dice, "¿Un premio por qué?" Le digo, "Bueno, creo que es por ser yo misma." Él está jugando con mi pelo y mirándome -"Hmm, sí, creo que eres una buena tú," dice. Yo le digo "Sí, no había mucha competencia." Y después, como es una zorra maliciosa añade, -"Eso está bien, imagina que hubieses perdido."
Así que he estado yendo a este peluquero, que es un adorable y guapísimo hombre, durante seis años. Él lo sabe todo acerca de mi familia, lo unida que estaba a mi abuela, cómo conocí y me casé con el amor de mi vida, él nos peinó en nuestra boda hace tres años. Él ha visto las fotos pornográficas de borrachas de nuestra luna de miel en Mykonos, pero él no sabe que dirigí la trilogía de Matrix con mi hermano, Andy y…
Así que sabe todo sobre quien soy pero no sabe a qué me dedico. En cambio, fui a cenar hace poco con una mezcla de amigos y desconocidos que estaban ilusionados por conocer a un "director de Hollywood". Pero todo lo que hicieron fue preguntar sobre Keanu Reeves, Tom Hanks, y Halle Berry. Y durante toda la cena ellos reiteradamente se referían a mi como "él" o "uno de los hermanos Wachowski" a veces utilizando la mitad de mi nombre "Laaaaaa..." Como un torpe puente entre ambas identidades, incapaces o quizá poco dispuestos a verme como soy, sólo ven las cosas que hago.
Todos nosotros, todos los que estamos aquí, todo ser humano representa una negociación entre sus identidades pública y privada. Para mí esa negociación tomó una forma más literal en una conversación entre yo, Andy, Tom Tyker (nuestro nuevo hermano por amor) que es guapísimo, con quien hemos dirigido nuestra última película "Cloud Atlas."
Gracias. Gracias por el enchufe. Id a verla.
Uh, hace varios meses estábamos sentados en este bar de Berlín entre salvajes empapados de cerveza en un lugar que no fue pensado para ser habitado por gente y la luz del sol, intentando decidir si deberíamos rodar una presentación para el trailer de nuestra película, que estaba a pundo de subirse a internet. Se suponía que Tom Hanks lo haría, pero no estaba disponible.
Andy y yo no hemos atendido a la prensa ni hemos hecho apariciones públicas, estrenos incluidos, en doce años. La gente erróneamente cree que tiene que ver con mi género, pero no es así. Después del estreno de Matrix en el 99, ambos experimentamos una alarmante contracción de nuestro mundo y de nuestras vidas. Fuimos sumamente conscientes del valor del anonimato, entendiéndolo como una forma de virginidad. Algo que sólo pierdes una vez.
El anonimato te permite el acceso a lugares públicos, te permite una forma de participación en la vida pública con una invisibilidad igualitaria que ninguno de nosotros estábamos preparados para perder. Dijimos a "Warner Brothers" que habíamos decidido que no queríamos atender más a la prensa. Nos dijeron "Ehm, no."
"Esto es…" ellos decían, "esto no es en absoluto negociable, los directores son fundamentales para vender, promocionar una película". Nosotros dijimos "Está bien. Lo entendemos. Si es una elección entre hacer películas o no atender a la prensa, hemos decidido no hacer películas." Y ellos respondieron "Esperad." "Quizás hay un pequeño margen para la negociación."
Así que, esta… es la postura y esta es la negociación que estaban siendo replanteadas en Berlín, hace tres meses. Todos nosotros éramos conscientes del hecho de que no sólo sería la primera aparición pública de Andy y mía en mucho tiempo, sino que sería también la primera vez que hablaría en público de mi "transición". Entre paréntesis: esta es una palabra muy complicada para mí por su complicidad con el discurso de género binario con el que no me siento particularmente cómoda.
Me doy cuenta de que cuando me ponga frente a una cámara, ese acto será sujeto de extrapolaciones que son tanto personales como políticas. Yo he estado "fuera del armario" para mi familia y amigos durante más de una década. Y la mayor parte de este tiempo he estado debatiendo sobre este, este momento particular con mi terapeuta, mi familia y mi esposa, porque sabía que en algún momento iba a hacerlo, pero también sabía que había un precio por hacerlo. No sabía cómo iba a salir del armario, sólo sabía que cuando finalmente lo hiciera, no quería que todo fuese acerca de mí.
Estoy totalmente horrorizada por los programas de entrevistas, el formato interrogación/confesión el momento, las lágrimas del presentador. Cuya compasión enfatiza la inherente tragedia de mi vida como transgénero. Y en ese momento, satisfaciendo el arco catártico del rechazo y la aceptación, sin ni siquiera preguntarnos acerca de la enfermedad de una sociedad que se niega a conocer la gama de géneros, de la misma manera en la que ciegamente se niega a ver la gama de razas o de sexualidad.
Así que los tres hablamos, nos gusta hablar. Probablemente lo estéis notando ahora "Oh, no, tenemos una habladora delante." Habrá un descanso dentro de una hora así que…
Y alternábamos puntos de vista muy conscientes del hecho de que acabábamos de hacer una película sobre el tema, sobre la responsabilidad que tiene un ser humano con sus semejantes, que nuestras vidas no son enteramente nuestras. Y un diálogo de una película apareció con facilidad en nuestro debate, y me encontré repitiendo una línea de un personaje, al que estaba muy apegada, que habla sobre su propia decision de hacer algo similar a "salir del armario". Ella dice -"Si continúo permaneciendo invisible la verdad permanecerá oculta y no puedo permitir eso". Y ella lo dice consciente, en ese mismo momento, de que este sacrificio que ella ha hecho le costará la vida.
De pronto comencé a sentir un intenso torrente de imágenes, pensamientos y recuerdos pasando por mi mente, una especie de flashes de mi vida pasando en mi cabeza. La gente describe así las experiencias cercanas a la muerte. Mientras empezaba comencé a comprender lo compleja que ha sido la relación entre la visibilidad y la invisibilidad a lo largo de mi vida.
Recuerdo el tercer curso, recuerdo que hacía poco nos habíamos mudado y me habían trasladado de una escuela pública a una escuela católica. En la escuela pública jugaba casi siempre con chicas, tenía el pelo largo y todo el mundo vestía vaqueros y camisetas. En la escuela católica las chicas llevan faldas, los chicos pantalones. Me dicen que me corte el pelo. Quiero jugar a "Las Cuatro Cuadras" con las niñas, pero ahora no soy una de ellas, soy uno de los niños. Pronto, me dicen que debo ponerme en fila cuando toca la campana, las niñas en un lado, los niños en otro. Caminé junto a las niñas, sintiendo esa extraña, poderosa fuerza de la gravedad de la asociación. Aún una parte de mi sabe que tengo que continuar caminando. Tan pronto como miro hacia la otra fila, tengo un sentimiento de diferenciación que me confunde. Yo no pertenezco allí tampoco. Me detengo entre ambas filas. Me doy cuenta de que una monja me está mirando. Y entonces ella me empieza a gritar y no sé qué hacer. Me agarra y me grita. No intento desobedecer, sólo intento encajar. Mi silencio la enfurece y empieza a pegarme. Y de repente, lo más que improbable, si pasara en una película nunca lo creeríais, pero sonó el chirrido de un frenazo y resultó que justo mi madre estaba conduciendo por allí, es totalmente cierto. Ella salta del coche y se lanza sobre la monja, Me aleja de ella rescatándome y advierte a la monja que no me vuelta a tocar jamás. Y yo tengo, fue un gran momento, y yo pienso que estoy a salvo, pero entonces me lleva a casa e intenta comprender qué ha sucedido,pero no tengo un lenguaje real para describirlo. Simplemente me quedo mirando al suelo y ella continúa preguntándome una y otra vez "¿Qué ha pasado"? Y yo empiezo a sentir la misma frustración, la misma ira que sentí con la monja. Ella me dice que la mire, pero yo no quiero porque cuando lo hago, soy incapaz de comprender por qué ella no puede verme.
La última vez que me pidieron que diera un discurso, como éste, fue en mi graduación de octavo año. Yo era la Mejor Alumna de mi clase y el Señor Henderson, mi profesor, me informó que tenía que dar un discurso por ser la Mejor Alumna. No me pareció que fuera un buen trato. No estoy segura sobre este pequeño premio tampoco, pero…
Siendo dolorosamente tímida, yo lo rechacé. Dije "Deja que otra persona sea el Mejor Alumno." A él no le gustó esta respuesta. Me dijo "Así no es como funciona". Él dijo que comprendía como me sentía, a nadie le gusta dar discursos. (¿Por qué lo hacemos?) Pero, eh yo tenía que, a veces yo tenía que pensar en algo más que en mi misma, tenía que hablar por mi clase y tenía que hablar por mis padres que estarían muy orgullosos, me dijo, "Hay algunas cosas que tenemos que hacer por nosotros mismos, pero hay otras que tenemos que hacer por otras personas." Así que escribí un discurso, como escribí este otro con mariposas revoloteando. Trabajé en él de noche, llevando puesto el camisón que usaba como pijama que le había robado a mi hermana. Escribí sobre la manera en la que el conocimiento era algo material, no muy distinto a lo material que es una escalera que puede ser usada para conseguir acceso a lugares y mundos que antes eran inimaginables. No tengo el recuerdo de dar ese discurso. Recuerdo estar después en el baño, escondida en un retrete, sintiendo el camisón que llevaba puesto bajo mi traje mientras lloraba, sintiéndome estúpida y mentirosa porque yo misma era incapaz de imaginar un mundo en el que alguna vez yo pudiera encajar.
En el instituto me uní al grupo de teatro, en parte por mi hermana mayor, pero sobre todo porque el almacén de encima del escenario, entre las pasarelas, estaba lleno de disfraces. Me enamoré de aquel almacén, tanto como de la intimidad con olor a polvo donde me podía sentar y leer, como por los estantes de vestidos y las interminables filas de zapatos. Recuerdo llevar puesto un día un precioso vestido brocado con corsé, cuando de repente oí a la jefa de escenario llamándome. Justo antes de que abriera la puerta, me sumergí desesperadamente entre los pliegues de los vestidos colgados, con el corazón martilleándome como el de un ratón, escuchándola llamarme por mi nombre una y otra vez, rezando que de alguna manera pudiera permanecer invisible.
Mientras yo crecía, un intenso e inquieto aislamiento, junto con un insomnio constante comenzaron a inculcar una inevitable depresión. Nunca he dormido mucho pero durante mi segundo año en el instituto mientras veía como a muchos de mis amigos les salía vello facial, yo guardé esta extraña e implacable vigilia enfrente del espejo durante horas, temerosa de lo que podría ver algún día.
Allí, en la ausencia de palabras para defenderme, sin ejemplo, sin modelo, empecé a creer que las voces en mi cabeza que decían que era un monstruo, que yo, ehm, estaba rota, que había algo mal en mi, que nunca sería amada. Después del colegio, voy a un Burger King cercano y escribo una nota de suicidio. Acaba teniendo cuatro páginas. Soy un poco habladora. Pero estaba dirigida a mis padres y realmente quería convencerles de que no era su culpa, simplemente yo no pertenecía a aquel lugar. Lloro un montón mientras escribo esta nota, pero los trabajadores del Burger King han visto ya de todo. Y parecen inmunes.
Estaba acostumbrada a viajar a casa muy tarde por el teatro, se que el andén del tren está vacío por la noche porque siempre lo está. Dejo que el tren B pase porque sé que el tren A es el siguiente y no se detiene. Cuando veo las luces, me quito la mochila y la pongo en el banco, tiene la nota enfrente. Intento no pensar en nada, sólo en saltar, mientras el tren se acerca. Justo cuando el andén empieza a temblar de pronto veo a alguien bajando la rampa. Es un hombre mayor flacucho, llevando unas grandes gafas setenteras cuadradas que me recuerdan a las que usa mi abuela. Me mira del modo que ve un animal, me mira del modo en el que los animales se miran unos a otros. No sé porque él no miró para otro lado. Sólo se que porque él no lo hizo, yo sigo aquí.
Años después encontré el valor para admitir que soy transgénero. Y que esto no significa que yo sea incapaz de ser amada. Conocí a una mujer, la primera persona que me ha hecho comprender que me quieren no a pesar de mi diferencia, sino por ella. Ella es la primera persona que me ha visto como un ser completo. Y cada mañana que despierto a su lado no puedo deciros lo agradecida que estoy por tener esos dos ojos azules en mi vida.
En Sydney, Australia, finalmente salí del armario para mi familia. Cuando le conté a mi madre que iba a hacerlo ella cogió un avión de inmediato. Hubo un gran bautismo empapado en lágrimas. Y ella confesó que tenía miedo de llegar y lamentar la pérdida de su hijo. Pero cuando llegó, ella descubrió que no era como una muerte, era el descubrimiento de que existía esta otra parte de mi, una parte nunca vista, y ella sintió que era un regalo porque ahora ella podía conocer esa parte de mi. Fuimos a cenar, me vestí todo lo femenina que pude, queriendo ser vista por desconocidos como Lana, esperando que los camareros no me llamaran "señor" o "él", como si estas personas de repente tuvieran el poder de confirmar o negar mi existencia. Mi madre también es un poco habladora, Ella siempre se presenta a los camareros. Y ella dice "Hola, soy Lynne. Esta es mi hija, Lana" Y la camarera sonríe y dice "Guau, ella se parece mucho a ti."
Cuando mi padre llegó, él le quitó importancia. Era más fácil que aceptar que su mujer y su hija una vez votaron a Jane Byrne en lugar de a Harold Washington. Una elección que aún hoy en día le duele. Él dijo "Mira, si mi hija quiere sentarse y hablar conmigo, soy un hombre afortunado. Lo que importa es que estás viva, pareces feliz, y que puedo rodearte con mis brazos y darte un beso."
Tener buenos padres es como la lotería. Tú estás como, "Oh Dios mío, he ganado la lotería,." Cómo… "Yo no hice nada."
Recuerdo estar pensando las palabras de mi padre, como me aceptó, cuando mi mujer y yo leíamos por primera vez sobre Gwen Arujo. Parecía imposible que algo como aquello pudiese ocurrir tan cerca de esta ciudad. Y que todavía aquí hubiese una persona asesinada por la ignorancia, por los prejuicios, asesinada por la intolerancia. Parecía tan inversamente proporcional al tipo de aceptación de mi familia.
Asesinada por la clase de miedo que busca arrasar con cualquier evidencia que pudiese probar que el mundo es diferente al modo en en que ellos quieren verlo, al modo en el que ellos quieren creer que es.
La invisibilidad es inseparable de la visibilidad. Para las personas transgénero este no es un simple acertijo filosófico. Puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Hace pocas semanas, después de mi revelación pública, nosotros, tres, Tom, Andy y yo estábamos siendo entrevistados, uno de los periodistas se salió del tema de la película para hablar de mi género. Imaginaos, un reportero. Mi hermano dio un paso rápidamente. "MIra, sólo para aclararnos" dijo "si alguien pregunta algo o dice algo sobre mi hermana que no me guste, comprenda que le voy a romper una botella en la cabeza." Pocas palabras expresan amor más claramente que éstas.
Estoy aquí porque el Sr. Henderson me enseño que hay algunas cosas que hacemos por nosotros mismos, pero hay otras que hacemos por los demás. Estoy aquí porque cuando era joven, quería desesperadamente ser una escritora, ser una cineasta, pero no puede encontrar a nadie como yo en el mundo y sentí que mis sueños estaban clausurados simplemente porque mi género era menos típico que otros. Si yo pudiera ser esa persona para alguien entonces… entonces sacrificar mi vida privada habrá tenido valor.
Se que también estoy aquí por la fuerza y el valor y el amor que estoy bendecida por recibir de mi esposa, mi familia y mis amigos, Y de esta manera espero ofrecer su amor en la forma de mi existencia, a un proyecto como éste comenzado por la HRC, para que este mundo que imaginamos en esta habitación pueda ser usado para tener acceso a otras habitaciones, a otros mundos que anteriormente eran inimaginables.
Muchas gracias.
-Lana Wavhowski, 2012.
Preparado por Akntiendz Chik.
Del video del discurso de Lana Wachowski por el premio de la HRC con subtítulos en español por "Sventine"

1 comentario:

Sandra dijo...

Precioso, maravilloso, sublime discurso ^_^

A mi, como a Lana, me ha tocado la lotería de unos padres, familia y amigos maravillosos. Y como ella, si puedo servir de referente para aquellas personas transexuales que aún andan perdidas, bendito sea.