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miércoles, 3 de febrero de 2010

El Sistema Público no negará el cambio de sexo a ningún transexual

Asumirá los costes de la intervención fuera de la Región siempre que un psiquiatra del Sescam diagnostique este trastorno de identidad de género

El mundo está lleno de personas que tuvieron la desgracia de nacer con el cuerpo equivocado, pero que tienen la 'fortuna' de que la cirugía y las hormonas son capaces de reflejar su alma en el espejo. El suyo no es un capricho. No se trata del niño que juega a travestirse o al revés sino de «un caso extremo de trastorno de identidad de género». Así lo ponía ayer de manifiesto a este diario el coordinador de la Unidad de Atención al Ciudadano del Sescam, Rodrigo Gutiérrez, quien explicó que, desde el año 2006 sólo se han operado tres personas de Castilla-La Mancha de cambio de sexo, a las que se les ha derivado a Andalucía. En estos momentos, sólo quedaría una paciente de Albacete que se encuentra en la lista de espera de un hospital catalán.
Una intervención de estas características no se puede decidir de la noche a la mañana, además, como hay que salir de la Región para operarse, el Sescam tropieza con la burocracia como si fuese un paciente más. Lo más importante es que no quepa duda de que la persona realmente necesita el cambio. Para ello, tiene que pasar por un equipo multidisciplinar de psicólogos, psiquiatras y endocrinos, que serán quienes determinen su situación y el tratamiento más adecuado. Una vez que uno de los especialistas del Sescam ha diagnosticado la transexualidad, se actúa para que la intervención se lleve a cabo cuanto antes. Aquí es donde chocan competencias y normativas.
La intervención para el cambio de sexo no estaba en la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud. Las Comunidades Autónomas son las que tienen la última palabra. Además, como se trata de situaciones poco comunes -se calcula que hay sesenta casos al año en España- no todos los hospitales pueden tener el dispositivo necesario.

Burocracia

Aún no hay centros de referencia como tales, pero sí un fondo nacional de coordinación y cooperación entre autonomías que vendría a sufragar los gastos de intervenciones que, por ejemplo, se realicen en Madrid porque Castilla-La Mancha carezca de medios para ello.
Hace un mes se aprobó una orden que incorpora la atención a la transexualidad, pero aún no se ha determinado cuáles serán los centros de referencia.
En medio de esta ceremonia de la confusión, el Sescam sólo tiene claro que financiará la operación. Así, las tres operaciones anteriores las sufragó el Sistema Público de Sanidad Andaluz por sintonía con Castilla-La Mancha, pero la intervención en Cataluña está a expensas de sus listas de espera y la tendrá que pagar el Sescam. De hecho, a la paciente se le recomendó el Hospital Carlos Haya de Málaga, con el que hay buena relación, pero declinó la oferta, según Gutiérrez, y prefirió Cataluña.
Hay que decir que «este caso pendiente» es el de una chica que recuerda su infancia como una auténtica pesadilla. Desde niña supo que el nombre de Pedro no respondía a lo que sentía, pero sufrió las burlas y la incomprensión hasta que tuvo el valor de salir del armario. No había cumplido la mayoría de edad, cuando empezó a moverse para conseguir ese cambio que acabaría con su condena.
El Sescam sabe que los cuatro casos que ha atendido desde 2006 no son el total de Castilla-La Mancha. Es muy difícil dar el paso, pero cuando eso ocurra psicólogos, psiquiatras y endocrinos tendrán que tratarlos como a cualquier otro paciente. De hecho, para médicos como el doctor Julio Virseda no se trata ni de pacientes ni de enfermos sino de personas que se operan por una auténtica necesidad médica.

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