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domingo, 4 de abril de 2010

Pareja transexual supera sus retos

MÉXICO, D.F.— Acurrucados en un sillón de su casa, tomados de la mano, Diana Laura y Mario se miran felices como marido y mujer. Para lograrlo tuvieron que demostrarse a sí mismos, a jefes, familia, sociedad, políticos y jueces que la naturaleza sí se equivoca: ella debió ser él y él debió ser ella.

El amor se consolidó sólo porque antes de conocerse, José Mauricio Guerrero se transformó en Diana Laura, mientras que María del Socorro Sánchez se volvió Mario, orientados por sexólogos, sicólogos, cirujanos, abogados y legisladores del Distrito Federal, que con acciones sin precedentes impulsaron la causa transgénero.
"La transexualidad es la discordancia entre la identidad y el cuerpo", explica el psiquiatra Juan Luis Álvarez Gayou, fundador del Instituto Mexicano de Sexología y precursor de la reforma que desde noviembre de 2008 permite a los habitantes de la Ciudad de México tramitar un acta de nacimiento acorde con su identidad de género.
"La mejor manera de ayudarles es que legalmente sean lo que quieren ser", precisa. "Pero deben estar preparados para ello".
Los Sánchez cumplieron los requisitos de la norma: someterse a un tratamiento hormonal y sicológico para luego ser evaluados en dos peritajes, uno médico y otro sicológico. No es obligatoria la cirugía de cambio de sexo, pero sí vivir con su nueva identidad al menos durante dos años, aunque al respecto ya sabían bastante.
Diana desanda memorias tristes y alegres; irascibles y tragicómicas en su paso de hombre a mujer. "El mejor recuerdo que tengo fue cuando enfrenté a mi padre, confesé todo y él me contestó: ‘Me has decepcionado… ¿por qué no me lo dijiste antes para apoyarte?’".

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