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martes, 1 de diciembre de 2009

BEATRIZ ESPEJO

Articulo de opinión de Kim Pérez, para el Diario Digital Transexual.-

Beatriz Espejo es una mujer. Es una transexual. Es una prostituta. Es joven. Es guapa. Ha escrito últimamente un libro, “Manifiesto Puta”, cuyo nombre sacude a quien intenta decirlo.
Tiene la enorme autoridad de quien escribe desde la base de la sociedad, el lugar de quienes descargan y cargan en los mercados, de quienes sirven los cafés de las cuatro de la madrugada, de quienes atienden en las urgencias nocturnas, de quienes ponen en marcha la ciudad o la hacen reposar.
Cuando Beatriz da una opinión, dan ganas de callarse y de pensarla muy bien, porque seguro que está muy fundada en la teoría y en la práctica.
No es que tenga asegurado que no se equivoque, como es natural, es que todo lo que dice tiene mucho peso, y si se quiere desmontar, habrá que pensar mucho.
Por ejemplo, cuando habla de la prostitución como valor. Como un contrato libre, entre iguales (salvando las ocasiones en que no lo sea), que garantiza la libertad de la mujer que quiera vivir de ella.
Muy distinta de muchos enlaces convencionales en los que se cambia seguridad por regulaciones y limitaciones. O estabilidad por sinceridad. ¿Qué corazones son los que siguen cantando a la luz blanca de las siete de la mañana?
Todo esto hace temblar o rechina a los tímidos bienpensantes que no han pisado la calle noche tras noche ni tienen el placer de vivir a su intemperie.
Se equivoca Beatriz cuando postula la promiscuidad, en general, como mejor que la monogamia, pero no se equivoca cuando dice que, para algunas personas, puede ser más hermosa, y que deben ser respetadas.
No es que quien sueña con una casita con los postigos colorados, llena de niños desayunando al sol, y con un amable compañero cuidando también de ellos, no tenga derecho a ese sueño. No se trata de que la mantequilla y la mermelada tengan algo de malo, sino de que no se impongan a quien prefiera otra forma de vida.
¿Seguimos pensando en reglas universales, iguales para todos, en un mundo que ya ha visto cómo se hace eso, vestirse al estilo Mao y desfilar rítmicamente?
Porque esto es lo que vienen imponiendo vía ordenanzas municipales, como Beatriz denuncia, las abolicionistas de la prostitución, defensoras de una nueva decencia, “la dignidad de las (otras) mujeres”, que se inmiscuyen en sus vidas y arbitran castigos y penalizaciones a diestro y siniestro.
Defiende Beatriz que no tienen ni idea de lo que es la prostitución, que no la han visto de cerca en sus vidas, de lo que sin duda se sienten muy contentas, y que organizan el mundo desde sus despachos subvencionados.
Y que tenga cuidado quien intente polemizar con ella con un estilo lleno de abstracciones que quedan muy bien en los ambientes académicos, porque se llevará de hecho, en el estilo en que escribe, mucho más fuertes de lo que yo sé decir, una rociada de imprecaciones que dejan la vaga sensación de que todo se ha puesto en su sitio.
Que piense lo que dice, porque Beatriz habla con el fundamento de la experiencia y de la práctica.
Es verdad que hay ocasiones de explotación, como las hay en todas las actividades, pero Beatriz sabe, porque las ve, sus proporciones. Y lo que no ha lugar es a un mundo en que todo siga igual, porque seguirá, pero clandestinizado, una ley seca que genere sobornos, chantajes, batidas, fugas, el reino no deseado de represión policial sobre un mar, el del sexo y la pasión, al que se intenta poner puertas.
Éste es uno de los temas de “Manifiesto Puta” (Editorial Bellaterra) Luego seguiré con otros.
Kim Pérez 30-11-2009

1 comentario:

Dermesto dijo...

Me encanta! Ahora mismo voy por el libro! Gracias!
Saludos desde Lima!